Periódico Ecos

BUSQUEMOS EL BIEN POSIBLE


A unas semanas del inicio formal de las campañas electorales, los candidatos a la Presidencia de la República, continúan inmersos en la dinámica del agravio, las ocurrencias, las propuestas fáciles y superficiales.

Han olvidado que los que realmente interesa a los electores es saber cómo piensan gobernar, como plantean resolver los grandes problemas nacionales.

Comportamiento que únicamente ha profundizado el encono social, el enfrentamiento y la división entre los mexicanos.

Los medios de comunicación y particularmente las redes sociales, se han convertido, hoy, en un terreno fértil dónde los ánimos desbordados de personas de distintas ideologías e incluso partidos políticos y los propios candidatos, siembran la semilla de la incertidumbre, confusión, el odio y la discordia, convirtiendo a los rivales en enemigos.

Frente a este mar de ataques y descalificaciones los católicos y los ciudadanos de buena voluntad, tenemos la responsabilidad de convertir estas elecciones y sus eventuales resultados en una oportunidad  para mostrar unión, responsabilidad, madurez y visión de futuro.

Para encontrarnos y unirnos, no para distanciarnos y mucho menos excluir a quienes piensan diferente.

Las diferencias ideológicas y políticas no pueden conducirnos a romper el diálogo, ni mucho menos a cerrar la posibilidad de la conciliación.

Debemos incentivar la participación del mayor número de ciudadanos con un voto informado, reflexionado y razonado, promover la importancia de estar al tanto de la evolución de las campañas y propuestas de los protagonistas.

Decidir en conciencia exige conocer en la medida de lo posible las plataformas políticas de los partidos, la trayectoria, perfil, compromisos y posturas de los contendientes.

En el momento concreto que vivimos, es preciso realizar un análisis crítico que permita decidir por quienes puedan realizar en la medida de lo posible el auténtico bien común.

La Conferencia del Episcopado Mexicano, así como el Arzobispo de Monterrey, presentaron hace algunas semanas dos importantes documentos, que además de proporcionarnos valiosas recomendaciones para discernir nuestro voto de cara a aquellos principios y valores que contribuyen a que la vida de todos sea más digna y libre como son; el respeto que merecen las personas desde el momento de la fecundación en la concepción, la dignidad humana, el fortalecimiento de la familia y el matrimonio entre un hombre y una mujer, la libertad religiosa.

Representan un llamado para trabajar comprometidamente por una Nación más participativa, pacífica, solidaria y prospera, atenta al rostro del otro, particularmente de los más pobres y necesitados, una invitación a buscar el bien posible.

Participar en la vida cívica y política de nuestras comunidades es una obligación ciudadana y cristiana que no podemos ni debemos obviar.

Sólo participando podremos transformar positivamente la sociedad.

Necesitamos mostrar al mundo, a nosotros mismos que el México, que queremos es posible, que nuestras diferencias se pueden resolver de manera civilizada, encontrándonos en el otro, con los demás, poniendo nuestras preocupaciones en común. Sin convertir a enemigos en rivales, sin denigrarnos.

Por: Luis Antonio Hernández