CHIRIGOTEANDO
Mientras el país enfrenta violencia desbordada, hospitales sin medicinas, familias sin agua, extorsiones al alza y economías familiares al límite, la presidenta de la República ha decidido concentrar su energía en exigir disculpas históricas a España, solicitar que Austria regrese el Penacho de Moctezuma y pedir a Francia la devolución de códices. No se trata de despreciar el valor cultural de estos objetos. Tampoco de negar que forman parte de nuestra identidad. Pero debemos preguntarnos, con seriedad y sin discursos vacíos:
¿En qué mejora eso la vida del pueblo?
¿Tendremos medicinas si regresa el penacho? ¿Disminuirá la violencia si España ofrece disculpas? ¿Se resolverá la pobreza si Francia devuelve códices?
- ¿Bajarán los precios de la canasta básica?
- ¿Volverán los desaparecidos?
- ¿Habrá agua, seguridad, medicamentos?
La respuesta es clara: no.
El espectáculo de la “presidenta protegida por el pueblo”
A esto se suma el espectáculo reciente frente a Palacio Nacional, donde la presidenta se mezcló entre la multitud en un intento por mostrar cercanía. Pero en realidad, lo que mostró fue otra cosa: Imprudencia. Desconexión. Y un mensaje profundamente peligroso. En un país donde los ataques a servidores públicos son reales, donde alcaldes, regidores y ciudadanos han sido asesinados por ejercer sus funciones, la presidenta decidió exponerse deliberadamente. Eso no es valentía. Eso no es cercanía. Eso no es sensibilidad. Eso es irresponsabilidad. Y si no fue improvisado —si además fue un montaje— entonces es todavía peor: usar el riesgo como espectáculo político. Terrible mensaje el que se envía: Que la seguridad se presume, no se construye. Que el poder está en la foto, no en los resultados. Que el país puede seguir en crisis, mientras el guion quede bonito para las cámaras. México no está para shows. México está para ser gobernado.
Siete años después, seguimos esperando resultados
Han tenido tiempo. Mucho tiempo: Siete años de discursos. Siete años de culpas al pasado. Siete años prometiendo un país distinto. Pero la realidad es otra: la violencia continúa, la corrupción no desapareció —solo cambió de nombres y de colores, la pobreza aumentó, la infraestructura se deteriora, y lo más grave: El gobierno sigue distraído en símbolos mientras el país se desmorona.
El problema no es solo federal
Lo mismo sucede en gobiernos estatales y municipales. Puertas abiertas para improvisados, para “leales”, para quienes repiten el discurso aunque no sepan gobernar. La lealtad sustituyó a la capacidad. El simbolismo sustituyó al trabajo. El teatro sustituyó a la gestión pública.
México no necesita disculpas del pasado.
México necesita soluciones para el presente. Qué regresen o no los símbolos históricos no cambiará nada mientras: Falte justicia, seguridad, salud, falte empleo digno, falte paz. El verdadero patrimonio de un país es su gente, no sus vitrinas.
Ojalá muy pronto quienes hoy gobiernan entiendan la magnitud de su responsabilidad.
Porque ya no queda tiempo para el show ni para el ensayo y error.
México no necesita gestos para las cámaras. México necesita gobernantes de verdad.
Mientras tanto si queremos la paz, trabajemos y oremos por la justicia; y hasta la próxima chirigoteada.
Mientras tanto si queremos la paz, trabajemos y oremos por la justicia; y hasta la próxima chirigoteada.
Escribe: Yory Godman


