🌿 EL PARQUE NAUCALLI: DE PULMÓN VERDE A SALÓN DE FIESTAS Y NEGOCIO DE TERCEROS
Ciertamente, el noble municipio de Naucalpan vive días de perplejidad y asombro colectivo. Mientras la ciudadanía busca desesperadamente un respiro entre el caos vehicular y el concreto de Periférico Norte, nuestro querido Parque Naucalli parece haberse convertido en el juguete favorito de la administración en turno para la renta masiva de espacios. La última gran puntada que tiene a los vecinos con los pelos de punta es el arribo de experiencias comerciales y festivales de gran escala —como el inminente montaje de atracciones nocturnas y festivales multitudinarios— que comprometen seriamente la paz ecológica de la zona.
Es una verdadera lástima que las prioridades del gobierno local anden más enfocadas en aplaudir eventos de marcas privadas y presumir cifras alegres de asistencia, que en vigilar el daño irreversible al suelo, la compactación de las raíces de los árboles y el impacto acústico sobre la fauna local.
El falso dilema de la privatización y la realidad legal Ante el reclamo generalizado de la comunidad, el Ayuntamiento salió apresurado a jurar por lo más sagrado que “no existe ningún proyecto de privatización” ni intenciones de levantar planchas de cemento eterno. ¡Faltaba más! Sin embargo, el verdadero problema no es solo si le ponen ladrillos o lona a los escenarios, sino el desgaste sistemático de un área natural protegida utilizada como si fuera salón de fiestas privado.
Aquí es donde la grilla se topa con la ley y se pone interesante. Conviene recordar que el famoso decreto del Ejecutivo estatal emitido el 31 de enero de 1992 jamás le regaló el Parque Naucalli al municipio; lo único que hizo fue transferirle su administración. Es decir, el Ayuntamiento actúa como un simple administrador bajo condicionantes muy claras, sujeto a la vigilancia ambiental del Gobierno del Estado.
¿Y si papá Estado les quita las llaves? La letra chiquita del decreto establece que si la administración municipal se pasa de la raya permitiendo saturación de eventos masivos, cierres arbitrarios de áreas de trote y omisiones ecológicas, organismos como la CEPANAF y la PROPAEM tienen todo el derecho —y la obligación— de intervenir.
De persistir los abusos en el manejo del parque, el Gobierno del Estado cuenta con la facultad jurídica plena para revocarle al municipio la encomienda de administración y recuperar el control del espacio.
Menos ocurrencias comerciales, menos cierres injustificados a los corredores matutinos y mucho más respeto al patrimonio natural de los naucalpenses. ¡El Naucalli es un pulmón ecológico, no caja chica ni recinto ferial de ocurrencias sexenales!


