LA PODREDUMBRE DE LAS INSTITUCIONES DE SEGURIDAD Y PEÑA NIETO
El gran potencial económico de México y la profunda podredumbre de sus instituciones de seguridad en especial las municipales son aristas que han marcado hasta la fecha la presidencia de Enrique Peña Nieto. Difícil imaginar que dentro de un mismo país pueda existir semejante contradicción. De cuál de las dos realidades se imponga en los próximos cuatro años dependerá el juicio que la historia haga de este sexenio.
Si el balance de la gestión presidencial se hubiera hecho el 25 de septiembre pasado, un día antes de los trágicos hechos de Iguala, quizá la evaluación habría sido positiva. Al menos así lo era en medios y foros internacionales. A principios de esa misma semana, la última de septiembre, el presidente Peña Nieto había recibido en Estados Unidos el premio Estadista Mundial 2014.
Las once reformas estructurales aprobadas durante los primeros dos años del gobierno actual, algunas impensables en el pasado, hicieron que fueran grandes las expectativas no sólo hacia el gobierno, sino hacia el país. Llegó incluso a acuñarse la frase “El momento mexicano”, en referencia al crecimiento económico que le auguraba a la nación en los años venideros.
No fue un invento gubernamental. Desde antes de la administración Peña Nieto, analistas ya consideraban inminente que un país con 110 millones de habitantes y uno de los territorios más ricos del mundo fuera potencia en ciernes.
El problema y lo han diagnosticado así las voces que reconocen el potencial de México es que al menos desde mediados de los años 90 ningún gobierno ha sido capaz de siquiera astillar el grillete que ata al país al suelo: el crimen.
Bandas de criminales son detenidas todos los años. Cárteles van y vienen. Caen capos de supuesto inmenso poder como El Chapo o el Z40 y aun así las calles mexicanas no son más seguras hoy que hace cinco o diez años. No necesariamente porque así lo digan las estadísticas oficiales, sino porque en la opinión de la gente común, reflejada en las encuestas, las cosas están cada vez peor en materia de seguridad.
Los 43 estudiantes normalistas desaparecidos en Iguala fueron sólo el recordatorio más reciente de un problema que jamás se fue y que ha sido el gran lastre de todos los gobiernos mexicanos en los últimos 20 años. Es cierto, bajaron un poco los homicidios en dos años pasados según cifras oficiales, pero esa misma fuente reconoce un récord en secuestros y extorsiones.
Aun si las reformas estructurales traen inversiones y empleo en los cuatro años por venir, será sólo con seguridad que los mexicanos podrán decirse realmente prósperos. Como resulte el balance de ambos factores determinará la valoración final del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto.