POR SIEMPRE: POBRES ENTRE LOS POBRES SI, Y... ¿QUE?
Comenzaron con marzo los aumentos en cascada, pese al ofrecimiento del Supremo Gobierno de que en adelante no los habría. En el gas, la gasolina, el agua, los cítricos, pasajes, etcétera y etcétera. Claro que es el resultado de conductas humanas. Como las naciones pobres, y los pobres dentro de los pobres. Vaya la atroz indiferencia en sentido de amistad y protección. La de los testigos, que somos todos, quienes por tener derecho y el privilegio de la información, quien escribe artículos, comentarios periodísticos o quienes los leen, seamos cómplices de esa atroz indiferencia. Esa costumbre a que el hambre, la violencia o la muerte no nos agobien ni incomoden, porque los destinatarios son lejanos o desconocidos. Es alarmante, en verdad, acostumbrarse a una época de barbarie diaria. Es cuna de la indiferencia y corresponsable de la multiplicación del mal. Esa distancia que hay entre la vida cotidiana de millones de mexicanos y el optimismo del discurso oficial. Ya nos acostumbraron, a que “así habrá de ser en el futuro”, no en el presente. Es obvio que en términos de comunicación se genera una expectativa que no corresponde con la realidad. Aunque se omita cotidianamente, estamos en crisis. Para salir de ella, se debe detener el tono triunfal. Sólo acentúa la distancia entre la voz oficial y la gente. El natural también que debe centrarse la agenda del gobierno en el aquí y el ahora. Que se entienda que no bastan las promesas de prosperidad, si no se ven hoy los resultados. Vivimos, ya nos acostumbraron o acostumbramos, a la “atroz indiferencia. Sólo una historia real, que aconteció en Europa durante la Segunda Guerra Mundial, permite hablar de un futuro promisorio y verídico. Pero concluyó en un hecho que marca, no solamente la realidad, sino la fe, como aún la tenemos los que vivimos inmersos en el tráfago habitual. Te invito a conocerla. Es breve: El Papa Juan Pablo II, hoy casi Santo, en una sala de audiencias del Vaticano, recibió a una de las más altas autoridades religiosas del judaísmo, Meir Lau, el gran Rabino del Estado de Israel. La formal entrevista se llevó a cabo en un ambiente fraternal que da pie a este relato anecdótico: El religioso judío narró al Sumo Pontífice un hecho acaecido hacía muchas décadas en un pueblo del norte de Europa. Le cuenta que, terminada la Segunda Guerra Mundial, una mujer católica se dirigió al párroco de ese pueblo para hacerle una consulta. Ella y su marido tenían a su cuidado, desde el inicio de la guerra, a un pequeño niño judío que le habían encomendado sus padres. Estos poco antes de ser enviados a un campo de concentración y víctimas en el trágico infierno de la masacre nazi, habían previsto para él pequeño un futuro en la tierra de Israel. Soñaban con ello. La mujer se encontraba ante un dilema y pedía al sacerdote católico un consejo. Deseaba hacer realidad los sueños de los padres del niño y, al mismo tiempo, ansiaba quedárselo y bautizarlo. El párroco le dio una pronta y comprensiva respuesta: “Tu deber es respetar la voluntad de los padres”. El niño judío fue enviado al entonces naciente Estado de Israel, donde se crió y educó. Esta anécdota resultó muy interesante para Karol Wojtyla. Pero pasó a ser realmente conmovedora cuando el gran Rabino añade: “Usted, Eminencia, era ese párroco católico... Y el niño huérfano... era yo”.
Carlos Ravelo Galindo, afirma:
Toda reforma estructural que no incluya el combate frontal y profundo a la corrupción, ni es reforma y menos estructural, como la supuesta reforma energética.