SINGULAR SAMARITANA
SINGULAR SAMARITANA
Estimado señor Gordillo: Le escribo con el propósito de compartir con sus lectores mi grata experiencia con la policía de tránsito de Naucalpan… No sé por qué mucha gente se queja de esta institución, si en realidad están para servir y ayudarnos. Se lo digo por experiencia propia.
Verá, el miércoles 25 de marzo, por un asunto personal, estacioné mi auto en la calle de Esfuerzo, muy cerca de la avenida 10 de Mayo. Como siempre, me habré tardado unos 20 minutos, sólo que en esta ocasión, cuando regresé para dirigirme a mi oficina, me percaté que a mi auto le faltaba la placa delantera.
Lo primero que me vino a la mente fue que algún cumplido policía de tránsito de Naucalpan la había retirado, aunque no atiné a saber por qué, pues otras veces me había estacionado en el mismo lugar sin que me quitaran nada.
No pasó mucho tiempo cuando a lo lejos vi venir hacia mí a dos agentes de tránsito del sexo femenino. Es fácil distinguirlas de inmediato, por el porte elegante que les da el uniforme de pantalones obscuros embarrados y la camisola con franja anaranjada, prendas que resaltan las perfecciones de sus cuerpos de modelo.
Una de ellas me extendió la mano para saludarme. Pero puedo describirla como güerita de rancho, para que me entiendan: de ojo verde, piel y cabellos claros (no sé si oxigenados o no) de aproximadamente 35 años de edad y estatura media: fisonomía que contrastaba con la de su pareja, chaparrita y morena.
La güerita me dijo que se llamaba Brenda y amablemente me indicó que habían retirado la placa porque me estacioné en un lugar prohibido.
Al observarle que no se veía ningún señalamiento y que además había una decena más de vehículos aparcados en la misma zona y que a ninguno le habían quitado nada, me explicó que a mí me había tocado por tener placas del Distrito Federal. En otras palabras, si hubiera traído placas del Estado de México, hubiera podido estacionarme en ese lugar prohibido sin ningún problema, caray. Y del señalamiento, solamente me dijo que “estaba por ahí adelante”.
Me explicó también, que para recuperar mi placa, tenía que pagar una multa de sólo $1,500.00 y recogerla al día siguiente en un corralón de Tultitlán (uff).
Me pareció exagerado el monto de la multa, pero bueno, ni modo, pensé, pues tendré que pagar, así se lo dije y le pedí el correspondiente papel.
Sin embargo, comenzaron a surgir una serie de obstáculos que si no fuera por la amabilidad de dicha agente, no sé qué hubiera hecho.
Primero que nada, la agente Brenda me dijo que no podía extenderme el recibo para pagar la multa, ni en el banco, ni en las oficinas de tránsito porque no tenía con ella su correspondiente block, ni lo iba a tener, porque tenía prohibido levantar multas (???)
En segunda, me dijo que después de pagar la multa tendría que esperar 48 horas para que el sistema la registrara.
Y en tercera, me dijo que tampoco podía mover mi vehículo sin placa, porque sus compañeros me iban a detener mientras circulara por la entidad. Entretanto, mi celular no dejaba de sonar, pues un grupo de clientes me esperaba ya para una junta en Santa Fe.
O sea, todo en mi contra, sin embargo…
En un generoso acto, la agente Brenda me propuso la solución. En lugar de tener que ir a pagar al banco o a las oficinas de tránsito y para evitarme la complicación de ir a Tultitlán (que no sé ni donde queda) ¡yo podía pagarle a ella la mitad de la multa ($750.00) y me entregaría de inmediato mi placa!
No bien escuché aquello, cuando sentí que la emoción inundaba mis ojos de lágrimas. ¡Qué increíble poder recibir la ayuda de la policía de tránsito de Naucalpan! Pero, desafortunadamente ¡no contaba yo con esa cantidad en el momento!
Como si su generosidad no tuviera límites, la agente Brenda se ofreció a esperarme mientras corría yo a sacar lo suficiente del cajero. Nomás que, lo que son las cosas, yo había olvidado mi tarjeta, por lo que ir al banco era inútil. ¡No sabía qué hacer!
Empero, esto no disminuyó la tremenda voluntad de la agente Brenda empeñada en ayudarme. Como una increíble e inmejorable solución final aceptó que, a cambio de mi placa, le diera el dinero que trajera conmigo. No lo podía creer y evitando apenas las ganas de besarle las manos en agradecimiento por su ayuda, le mostré mi pobre cartera donde encontró solamente $200.00.
Reiterándome que era un favor el que me hacía y nada más porque quería ayudarme, la agente Brenda tomó mi dinero. Y contenta como estaba de servirme, me dio un número celular y hasta el número de su radio, para el caso de que en otra ocasión yo necesitara de su apoyo.
La verdad, yo preferiría no tener que volverá a molestarla. Pero por si acaso, algún día estacionan y pierden su placa, aquí les dejo los números que me dio esta extraordinaria samaritana: celular: 044 55 67 06 84 71, radio: 72*32353.
Al calce, me permito felicitar al señor Jorge Jiménez Contreras quien, hasta donde sé, es el Director General de Seguridad Ciudadana, Tránsito y Protección Civil de Naucalpan, por contar con tan maravillosos agentes de tránsito como Brenda y por inculcarles un sentido de servicio con el que nos pueden ayudar a solucionar problemas, como el que a mí se me presentó.
Atentamente
Adriana Sanromán