PROXIMAS ELECCIONES SERAN UN PARAMETRO
PROXIMAS ELECCIONES SERAN UN PARAMETRO
A sólo 16 días de los comicios de este 7 de junio, el ambiente político-electoral en varias partes del país se tensa. En términos de seguridad y de violencia no hay precedentes, al menos en el presente siglo, de un clima tan adverso a nivel nacional. Apenas unas cuantas semanas de campañas han visto cundir asesinatos y ataques a contrincantes que eran frecuentes en el México postrevolucionario.
Durante el actual proceso electoral han sido asesinados siete políticos -tres candidatos, dos precandidatos, una dirigente partidista municipal y un asesor político-. Otros más han sido golpeados o intimidados de formas diversas. La violencia se ha manifestado principalmente en los estados de Guerrero, Michoacán, Tabasco, Oaxaca y San Luis Potosí.
Esta cadena de hechos debe contextualizarse en la lucha contra el crimen organizado, es cierto. Apenas en septiembre pasado el ejemplo de Iguala explica cuán profundo ha sido el interés de los delincuentes por infiltrarse en las estructuras de gobierno. Están dispuestos a todo por asegurar arreglos con algunos candidatos.
Sin embargo, no son únicamente los cárteles de quienes se cuidan los candidatos y sus equipos. Lo ocurrido recientemente entre brigadistas del PRI y del PRD en Cuajimalpa, D.F., ofrece un augurio de hasta dónde pueden llegar los partidos políticos en su desesperación por ganar posiciones. Fue por suerte que en esa disputa no hubiera muertos.
En medio de todo esto, el riesgo más grave para el sistema político y la sociedad misma es que la gente acuda aun en menor cantidad a votar el próximo 7 de junio, por temor a la violencia. Paradójicamente seria un escenario conveniente para el voto duro -a veces violento también de los políticos, pues mientras menos ciudadanos independientes acuden a las casillas, mayor es el peso de los sufragios acarreados.
Algunos sectores de la sociedad tomarán los casos de violencia como argumento para desincentivar el voto. Incluso suponiendo que su motivación es la convicción y no el interés propio, ¿cuál es la alternativa?, ¿selección de administradores a mano alzada en una plaza? En una sociedad moderna y compleja como la mexicana, ninguna otra opción existe todavía más que la electoral. Antes que dinamitarla, hay que salvarla.
Politólogos coinciden en que es poco probable que una escalada de violencia impida la votación, pero no hay que descartar el factor desestabilizador de los crímenes políticos. No sólo afectan los comicios, sino a los gobiernos resultantes de ellos.
El proceso de este año será el parámetro para saber qué habrán de esperar los ciudadanos en los próximos tres años. Una elección en paz, pese a lo ocurrido, mantendría la posibilidad de mejorar el sistema político, ineficiente, pero el único que tenemos.