LOS PAPAS DE HOY
Lourdes Sanz afirma que la función de ambos padres es darle al niño toda la libertad que sea posible y toda la restricción qua sea necesaria. Eso de que muchos padres de hoy le dicen al hijo “yo soy tu amigo, no tu padre”, es muy grave, porque si el papá es amigo, entonces ¿Quén es el papá? ¿Quién pone el ejemplo? ¿Quién protege a la familia? “Los límites me permiten identificar quién soy. Me dan identidad. De otro modo si yo no tengo límites, me disperso. Si tengo tanta libertad, yo mismo debo buscar mis propios límites y voy a sufrir mucho en el ensayo y error porque quién sabe cuántos tropezones me dé en la vida” -dice la psicoanalista y añade que “muchos de los problemas de delincuencia juvenil y de drogadicción vienen a causa de no poner límites”.
Asegura que ahora muchos padres se convierten en esclavos de los hijos por darles todo lo que pidan sin limitaciones. “Eso provoca que hagamos “sicopatitas”, porque desde muy temprana edad los hijos se convierten en tiranos y los papás les tienen miedo. Poner límites no consiste en imponerse con autoritarismo pero tampoco en agacharse y dejar que el niño haga lo que quiera”.
“Los papás tienen la obligación de poner: los límites e ir acompañando al hijo a que asuma responsabilidades. Pero también es importante que los padres respeten la individualidad del hijo y sus deseos y que le den oportunidad de que decida en aquello que pueda decidir” -afirma.
EL PAPÁ LIBERA DE LA SIMBOIOSIS A MAMÁ E HIJOS
Para Lourdes Sanz, psicoanalista; con especialidad en psicoterapia y asesoramiento educativo familiar, directora de Psicoanálisis México, lo más importante para el desarrollo psíquico del niño es que experimente el cuidado materno, que lo atiende en todas sus necesidades, y también que experimente la liberación de esa simbiosis, a través del padre, con el fin de que pueda explorar otros mundos. Para que esto se dé, la participación del padre debe ser más activa, cargarlo, bañarlo, jugar con él. Estar siempre presente.
"Es muy importante esta convivencia y esa atención de los padres y los hijos porque antes no se establecía esta relación -dice Sanz. El padre era un extraño, autoritario, poco cariñoso, un ente totalmente alejado. De alguna manera sufría discriminación porque no podía tener acceso al cuidado de los hijos y siempre actuaba como el ogro que reprendía y castigaba. Quienes propiciaban esta situación eran las propias madres. Eso se ha modificado un poco y ahora tanto hombres como mujeres son igualmente padres, igualmente amorosos, igualmente responsables de ponerle límites a los hijos y comprometidos en su desarrollo síquico, dándole todo el cuidado necesario para que él pueda ser independiente y construya 'su propia vida".
EL PAPA SE HACE, NO NACE Y ES DISTINTO A LA MAMA
"¿Qué clase de padre se necesita en el mundo de hoy? -pregunta Vidal Schmill. Uno no nace siendo padre, uno se hace padre. Ser progenitor o portador de simiente, no nos convierte automáticamente en padres, eso se circunscribe a la biología. La prueba está en que hay muchos padres y madres, que aunque no son padres biológicos -como los adoptivos o los padres resultado de segundas nupcias- logran un vínculo verdaderamente afectivo con los hijos".
Schmil, expresa que antes se tenía la idea que para ser padre bastaba con imitar al propio padre, o ser diametralmente opuesto a él, según como hubiera sido la relación. Para ejercer la función de padre se necesitaba relativamente poco: fecundar, dar el apellido, sostener económicamente a la familia y ejercer la autoridad. Con eso era suficiente.
Autor de varios libros. Entre ellos: Disciplina Inteligente, un manual de estrategias para una educación en el hogar, basada en valores, del cual ha vendido más de 500 mil ejemplares; Schmill sostiene que actualmente lo que los padres tienen que recuperar es la crianza de los hijos, acompañarlos en su crecimiento desde pequeños, junto con la madre. Cuando son bebés: bañarlo, cambiarle los pañales, dormirlo, darle el biberón, aprender a sacarle el eructo. Acompañarlo en la visita al pediatra, cuando le ponen las vacunas, asistir a los festivales escolares. Y también a contenerlo emocional mente.
"Los papás -afirma- tenemos una gran capacidad de contención emocional, no sé si es por cuestión hormonal o de fuerza, pero los padres tenemos una forma de apapacho, diferente al de la mujer, no es mejor ni peor, simplemente es diferente. Creo que el abrazo de un papá se vuelve un referente muy importante para un hijo o una hija y un elemento de nutrición emocional como es platicar, reír, bromear con ellos. Estar pendiente de su educación no sólo académica, sino espiritual y afectiva. Además, cuidar la salud de la familia. Eso es lo que hace a un papá".
Sostiene que un padre debe estar siempre presente. La presencia es cuando él escucha, cuando respeta las decisiones de los hijos adolescentes, aunque no esté de acuerdo con ellas, y decírselo. El amor, y el vínculo que los une, no debe romperse por eso: dedicarles tiempo, interesarse por ellos, preguntarle qué piensa, qué sueña, cómo va en la escuela, pero no como un interrogatorio, sino como charla. "Acompañarlo siempre, eso es lo que debiera hacer un papá, para un chavo de hoy. Estar presente significa también cuando el padre habla de sí mismo y no es una estatua de piedra. Platicar de sus proyectos personales, de cuando era niño o adolescente, de esta manera el hijo lo verá como alguien más cercano, más real".
PAPÁ Y MAMÁ SE SIENTEN CULPABLES Y POR ESO SE HACEN SUMISOS
Verónica Wong considera que en la actualidad hay como una culpa de ambos padres de que los hijos no estén todo el tiempo bajo la tutela materna como antes y esa culpa inconsciente se traduce en darles a los hijos todo lo que piden y hasta más. Antes no sucedía esto. Se veía a los hijos con menos necesidades, s
e pensaba en su educación, pero no en sus necesidades. "Todo cambió a partir de la planificación familiar, cuando la pareja pudo decidir cuantos hijos tener. Antes se tenían siete, ocho hijos o más y los recursos se repartían entre todos. Ahora sólo tienen uno o dos y al tener más recursos, propicia darle a los hijos todo sin límite. Nos cuesta trabajo encontrar el término medio".
Al respecto Vidal Schmill afirma: "Muchos hijos creen que poner límites es reprimirlos, pero no es así y hay que hacerlo por su propia seguridad, aunque se enojen. Algunos adolescentes quieren mucho al padre, pero no lo soportan, porque les ponen límites. En este caso el padre no debe pensar que está en un concurso de popularidad y doblegarse. Tampoco irse al otro extremo de no dejarlos salir nunca. Es difícil el término medio, pero no se debe claudicar y evitar ser violento. La violencia no educa. Se puede ser firme pero no violento".
La psicóloga Wong piensa que hoy se sigue arrastrando esa parte negativa. La violencia se ejerce en los hijos de muchas formas, no sólo son golpes; se les niegan el afecto, los desacreditan, los hacen menos y esto va en detrimento de su autoestima.
CON PADRES ADICTOS A TANTAS COSAS, DIFÍCIL EDUCAR EN LA LIBERTAD
Schmill considera que estamos en la transición de una nueva paternidad. "Creo que hace falta aclarar más los conceptos, hay que actualizarse e ir modificando en todos los estratos sociales esta posible nueva paternidad. Todavía hay mucha confusión al respecto. Hay que trabajar en los problemas de adicciones, pero no sólo de los jóvenes, sino también en los adultos: adicciones al alcohol, al juego, al sufrimiento, a las relaciones destructivas. Combatir nuestros miedos, nuestros temores. Solucionar las relaciones dañadas con nuestros propios padres".
El pedagogo señala que debería haber políticas públicas en todo el país que den herramientas a través de talleres para ayudar a los padres y madres a este cambio. "Debe haber competencias para el cambio, pero no competencias para ganar, sino competencias para ser mejores en la educación de los hijos".
Verónica Wong coincide con Schmill que estamos en la etapa del cambio -pero aún falta mucho pues los especialistas opinan que deben pasar varias generaciones para que se dé totalmente ese cambio.
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