BAJO LA SOMBRA DE UN PARRAL (Conclusión) (GANO EL PAN, GANO OLVERA)
BAJO LA SOMBRA DE UN PARRAL (Conclusión)
(GANO EL PAN, GANO OLVERA)
La tercera fotografía retrata un fragmento de uno de los carteles de casilla concurrente (así se les llamó técnicamente a las casillas únicas donde se escrutaron tanto las votaciones federales como las locales), y no un acta (tomar la fotografía de un acta o una boleta puede ser considerado causal de delito electoral, si bien esto no está debidamente tipificado). Concretamente es el cartel respectivo para la elección de diputados federales; ni siquiera el que, a efectos del anuncio, podría ser del interés específico de los naucalpenses, es decir el de las elecciones locales. La casilla ahí indicada, la 2824 del distrito 22 instalada en el domicilio Bernardo Reyes 19, en la colonia 10 de abril sí, en efecto y como ocurrió incluso en mi casilla, sufrió alteraciones en las actas por torpeza y desconocimiento de funcionarios no insaculados, es decir, aquellos ciudadanos que, tomados de la fila como indica la ley y el reglamento en caso extraordinario de ausencia de funcionarios, como expongo en mi video en YouTube “Confesiones de un Presidente de Casilla” se ofrecieron o aceptaron la solicitud para integrarse de buena voluntad para efectuar la instalación de la casilla aun sin tener la capacitación requerida.
Ocurre en este caso que los funcionarios sin capacitación, salvo excepciones, no consideran en el momento y por ignorancia el valor legal de los documentos, en especial las actas. Esto se agrava en el caso de los nombrados con el cargo de secretario a los que se suma la presión de la labor y de los representantes de partido que solo esperan la más mínima falla para “hacerla de tos”. Las tachaduras y enmendaduras en las actas pueden ser motivo de litigio y por lo tanto de revisión e incluso de anulación de la votación en una casilla.
Así, el encabezamiento de la foto: “La elección del 7 de junio está en tribunales”, seguido de la frase al pie: “Actas borradas y tachadas”, más que evidenciar un hecho por cierto más común de lo deseable es verdad de Perogrullo; porque nuestra democracia, desde la existencia del IFE y del Tribunal Electoral, se la pasa en revisiones que van haciendo jurisprudencia, revisiones promovidas ya por unos o por otros, con o sin razón, generalmente más con afán de seguir colgados de la brocha y mamando del presupuesto (tal sucede con el PT que presume sus victorias pírricas en Chihuahua como si fueran suficientes para revertir las estadísticas que anuncian su pérdida del registro).
No estoy justificando el dato, porque es serio y real. Al escribir esto, en mi mano, tengo copias en archivo PDF (descargado desde la base de datos del PREP nacional, como puede hacer cualquier ciudadano) tanto del acta de la casilla que me tocó presidir como de la señalada en el anuncio. En ambas, como en muchísimos ejemplos ahí, las alteraciones campean independientemente del distrito, de la entidad y afectan en general a todos los candidatos en sus resultados y no nada más sesgadamente a uno en particular. No es una falla exclusiva de tal o cual casilla, sino general y por lo tanto una que debe incidir en que los legisladores hagan las reformas pertinentes para evitarlas o reducir su posibilidad, por ejemplo, encaminando nuestro sistema democrático hacia el aprovechamiento de las nuevas tecnologías, digamos incluyendo una computadora donde los secretarios de casilla puedan capturar directamente la información sin necesidad de llenar alteros de hojas y hojas, copias y copias, a fin de disminuir la posibilidad del error aunque el analfabetismo funcional y tecnológico se suma al problema; también puede irse pensando en la emisión del voto de forma electrónica. La modernidad fuerza a respuestas cabales.
La cuarta fotografía retoma la idea general de la primera, retratando a unas personas con una urna abierta, prestándose a la lectura errada de la manipulación de la misma y su contenido. Al pie se anota: “Edgar Olvera ensució la elección, compró votos, funcionarios y declaró falsamente ante autoridades”.
En tanto funcionario de casilla que he sido y fui por cuarta ocasión, una de tantas casillas en que ganó el PAN de forma indiscutible, reclamo mi honorabilidad, pues nadie, de ninguna filiación o bandera, me compró. Sé que hubo casos de intentos de cooptación e incluso en algunas entidades amenazas a ciudadanos nombrados funcionarios; intentos, hay que decir, achacables a varios partidos y candidatos de distintas banderas. Esa es una de las causas que explican la marcada deserción de funcionarios, misma que acusó el consejero presidente Dr. Lorenzo Córdova Vianello una semana antes en conferencia de prensa, advirtiendo la posibilidad de que no se instalaran casillas en al menos tres distritos nacionalmente.
La manera como están estructuradas las mesas directivas de casilla prácticamente hace imposible que cualquiera de los funcionarios pretenda siquiera alterar la votación, empezando por el hecho de la presencia misma de los representantes de partido y siguiendo con la de los observadores ciudadanos. Sencillamente no hay modo a menos que estén todos coludidos, y aun cuando alguno se pasara de listo, por ejemplo alterando las actas con todo propósito, mediaría un acta de protesta de parte de los anteriores y el incidente sería reportado forzosamente para efectos de la probable impugnación.
El desconocimiento de parte del electorado de cómo funciona hoy una casilla electoral alimenta añejos mitos alrededor de prácticas tramposas, nada más. Pero claro, comprendo que la burra no es arisca, la hicieron. Y la hicieron así por décadas los mismos que ahora reclaman justicia, sí, apelando a su derecho.
Los argumentos de unos y otros al final terminarán cayendo bajo su propio peso precisamente en el tribunal electoral ya sea a su favor o en su contra. No todos podrán sostenerse. Impugnar una o varias casillas no deriva necesariamente en la anulación de las mismas, por más que modifique la aritmética de los resultados relativos (que no los absolutos), toda vez que se privilegia la apertura del paquete y el conteo voto por voto antes que ese recurso extremo de anular.
No puedo hablar por otras casillas, en la mía, la 2790, sin asomo de dudas y aun a pesar de las torpes alteraciones de las actas alteraciones en las que también incidieron los representantes de partido presentes ganó el PAN, ganó Olvera. Si detrás del triunfo, en las entre cajas del teatro político se acordó una parafernalia determinada, eso es todavía tema especulativo, caso para la teoría de las conspiraciones. Aunque, ya se sabe, si el río suena… El problema es que, bajo la sombra de un parral, pende una abstrusa telaraña.