PADRES DE FAMILIA: EDUCAR NO SOLO PARA VIVIR MEJOR EDUCAR PARA QUE «NO SUFRA LO QUE YO SUFRI» ¿FUNCIONA?

PADRES DE FAMILIA: EDUCAR NO SOLO PARA VIVIR MEJOR
EDUCAR PARA QUE «NO SUFRA LO QUE YO SUFRI» ¿FUNCIONA?


Esta es una expresión que utilizan muchos padres que, queriendo cambiar su propia experiencia «dolorosa», no quieren «ver sufrir a sus hijos como ellos», de manera que les dan lo que se les antoje; tanto en lo material, como en el actuar, complaciéndoles todo capricho. Aunque estas frases tienen una buena intención de fondo, los hechos demuestran que no han funcionado, ¿por qué?
Han creado jóvenes sin voluntad, muchos no saben qué quieren para su vida. Y eso genera depresión, apatía, vacío existencial, inestabilidad e inseguridad. Algunos de los estilos de vida que se han generado son los siguientes.


Jóvenes chantajistas: Esta generación es fruto de una actitud determinista: «No toques al niño porque lo vas a traumar» o «no quiero que sufras lo que yo sufrí». ¿Cómo, señor? ¡Lo que usted sufrió lo hizo crecer como persona! No le podemos quitar la propia experiencia de crecimiento a alguien que está aprendiendo a vivir, aunque esto incluya el propio sufrimiento u obstáculos a vencer.
Jóvenes egocentristas y permisivos: Hay en nuestra sociedad juvenil una exageración de la afirmación del «yo» y es el lenguaje de los jóvenes: yo y mi novia, yo y mis necesidades, yo y mis amigos, yo y mis necesidades ... Cuando a alguien se le forma como eterno narcisista dice: «yo me hice a mí mismo» o «yo no le debo nada a nadie» y hace con su vida lo que le place, sin importar a quien haga sufrir.
Jóvenes débiles para enfrentar problemas: Hay que educar a la libertad y responsabilidad, si no, se crean seres inestables y débiles a la hora de enfrentar la vida con sus dificultades. Esta generación no ha sido capacitada para enfrentar las batallas diarias y fácilmente abandonan cualquier decisión o compromiso que hayan adoptado.


Jóvenes sin futuro: Los padres se sacrifican mucho trabajando para que no les falte nada a sus hijos; y los hijos, como no les falta nada, no valoran las cosas y no se preocupan de crear un futuro. Este es un grave problema que trae como resultado jóvenes que no pueden valerse por sí mismos y que terminan dependientes de sus padres.


Jóvenes sin sentimientos: Un joven que no le faltó nada en lo material, pero que nació en un hogar con carencias afectivas y educativas, ¿se recuperará?, ¿podrá interesarse por los demás? Efectivamente no funciona la educación: «te voy a dar todo para que no sufras lo que yo sufrí»; pero tampoco, se quiere decir: «haz que paguen lo que tú sufriste». Las luces que se proponen para la vocación y misión de ser padres son las siguientes.


Hay que educar la voluntad y los sentimientos del niño para ayudarlo a que se prepare en la vida. Esto implicará, saber decirle «no» y enseñarle el camino del bien, para que se discipline y sepa elegir lo que le ayuda para su crecimiento, evitando los excesos propios de una vida ligera, sabiendo soportar privaciones y sacrificios para que su voluntad se fortifique cuando él tenga que enfrentar la vida.
No hay que ser  autoritario ni permisivo sino padres flexibles que se adapten a la situación. Los extremos siempre son malos. Entre los hijos y los padres, los que tienen mayor comprensión de la realidad son los padres; por lo tanto, hay que educar teniendo claro su bien, aunque no lo perciban así por el momento los propios hijos. Sabemos que los hijos no son objetos y mucho menos posesión de los padres, es por ello que deben tener capacidad de ayudar, comprender, iluminar, guiar y enseñar para el crecimiento personal.


Los padres deben de ser estables en sus convicciones. Cuando los jóvenes hacen algo inadecuado, los padres deben corregirlo, a pesar del posible chantaje de: «ya no te quiero, me vaya ir de casa ... », pero todo eso son provocaciones, el joven está buscando a ver si tú te tambaleas. Cuando pasa esto hay que decirles cuanto los amamos, sin entrar en su juego. Finalmente y sin duda, el ejemplo y el acercamiento a Dios es una de las formas más sabias de emprender una buena educación, porque Dios da la, sabiduría a los que ha dado el don de engendrar hijos, pero también, les da los medios y las fuerzas para poder llevar a cabo su misión de padres.

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