COMO SE SABE: LA VIOLENCIA ENGENDRA ODIOS Y RESENTIMIENTOS

 sin duda, situaCOMO SE SABE: LA VIOLENCIA ENGENDRA ODIOS Y RESENTIMIENTOSciones difíciles, como las que se viven en México, ponen a sus habitantes en un contexto de sufrimiento, sobre todo de tipo moral ¿Qué hacer ante un mundo de injusticia que empuja a tomar decisiones complejas? ¿Quedarse cruzado de brazos viendo cómo suceden los acontecimientos? ¿Defenderse con los mismos métodos con los que son violados sus derechos y su dignidad? o ¿Qué actitud tomar? La actitud cristiana no puede ser ni la pasividad ni la indiferencia. Ante los actos injustos que hunden u ofenden la dignidad humana, el cristiano debe luchar. Jesús, nuestro Señor, no fue indiferente ante el sufrimiento humano ni ante la tiranía de unos sobre otros. Frente a estas situaciones Jesús pidió a sus discípulos que hubiera amor entre ellos, pues eso los salvaría y los haría más fuertes. Siempre reprobó actuar con los mismo métodos de los agresores. El instinto natural de quien no tiene dominio sobre sí tiende a corresponder con la misma moneda a la violencia de quien le ataca. Pero, cuando Pedro en el huerto de Getsemaní quiso responder así a los agresores de su Maestro, éste le dio una gran lección: si las cosas se arreglaran con violencia, a Él nada le costaría llamar a los ángeles para aplastar a sus adversarios; pero, al final, esto es perder y no ganar. El método de Jesús es más efectivo y fuerte, ennoblece y dignifica a quien lo practica pues hace de él alguien realmente grande. Esto es lo que debemos aprender: es la fuerza de la caridad, en la sublime expresión del servicio, la voz que debe oírse más fuerte. La injusticia y el dolor absurdo ocasionado por los egoístas no debe ser la última palabra. La voz que resuena más lejos es siempre la del amor; la de quien está del lado de Jesucristo, que sale triunfante ante la aparente victoria de quienes practican la injusticia. La caridad trae como fruto la paz, en cambio, la violencia engendra odios y resentimientos. Es más fuerte quien reza por sus enemigos, que quien les da una bofetada. Es por esto que, hoy más que nunca, debe oírse la voz de los hermanos que se unen para orar, en un clamor que llega hasta el cielo. Es momento de formar cadenas de oración y de rezar el rosario en grupos e individualmente. Se sabe que cuando cayó la primera bomba atómica en la ciudad de Hiroshima en Japón, cuatro sacerdotes jesuitas sobrevivieron contra todo pronóstico y contra toda lógica humana. Ninguno sufrió afectación alguna de consideración. Y los cuatro se lo atribuyen al hecho de rezar el rosario todos los días. Los cristianos no somos los débiles, pues somos los que estamos del lado de Jesucristo, el Vencedor; No somos pasivos ni indiferentes, somos conscientes de que hay que luchar, pero no como lo enseña el mundo, sino como lo enseña nuestro Señor Jesucristo. Nuestra aportación al mundo es valiosa, porque no hereda resentimientos que después atormentan el corazón y hacen crecer nuevas cadenas de odio. Nuestra aportación al mundo es de personas que son capaces de reconstruir lo que el odio y las ambiciones humanas han derribado, porque nuestra respuesta es el amor. Quejarse de las situaciones en que vivimos sin hacer nada es de cobardes; en cambio, inclinar la cabeza ante Dios reconociendo nuestros límites, nuestro origen y meta, y no esperar que las cosas se resuelvan por otros o por suerte, eso es digno de los hijos de Dios. P. Demetrio Vargas Gómez, msp

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