LO QUE EN REALIDAD DIJO FRANCISCO

LO QUE EN REALIDAD DIJO FRANCISCO
 
Este tema se hizo viral en las redes sociales y en los medios de comunicación... y no siempre se atina a entender lo que en realidad ha dicho el papa Francisco sobre esta situación particular. Algunos afirman que el papa ha aprobado este estilo de vida y que los que viven una segunda unión pueden comulgar sin ningún tipo de reserva. Otros más se rasgan las vestiduras, escandalizados por la liberalidad de nuestro Pastor. En realidad, lo que desea el papa Francisco es aclarar que los divorciados vueltos a casar no están expulsados de la comunión de la Iglesia. Ellos son miembros bautizados en situación compleja, lo cual no los excluye de las celebraciones o actividades eclesiales. Por supuesto, no pueden acercarse a la comunión sacramental, pero deben esforzarse en llevar una vida cristiana coherente y pueden hacer una comunión espiritual.


¿Qué es la excomunión?
Más allá de la pérdida de la gracia, la excomunión implica una ruptura con los vínculos que unen al creyente a Cristo por medio de la Iglesia. La excomunión no pone a la persona fuera de la Iglesia, pero sí la separa de la participación de su plena comunión. Es posible también la autoexcomunión, cuando la persona rompe todo vínculo con la Iglesia. Incurren en excomunión los bautizados que abandonan la verdadera fe para abrazar el cisma o la herejía. Así también, quienes practican el aborto, u otro asesinato, o colaboran de algún modo en su consecución, de modo automático se encuentran excomulgados (cf. CIC cc. 1323; 1324;1331;1364;1388;2272;1314, 1341).
¿Por qué los divorciados vueltos a casar no pueden comulgar?


El adulterio, el divorcio y la nueva unión de los divorciados no están penados con excomunión, aunque sí son un pecado mortal. Esto se basa en la palabra evangélica que enseña: «el que se divorcia de su esposa y se casa con otra, comete adulterio contra la primera; y si la mujer deja a su esposo y se casa con otro, también comete adulterio» (Mc 10, 11-12). El Catecismo de la Iglesia señala que «si los divorciados se vuelven a casar civilmente, se ponen en una situación que contradice objetivamente a la ley de Dios. Por lo cual no pueden acceder a la comunión eucarística mientras persista esta situación, y por la misma razón no pueden ejercer ciertas responsabilidades eclesiales» (n. 1650). Los divorciados no han sido separados explícita y oficialmente de la Iglesia, son más bien miembros heridos que deben buscar la dirección y ayuda para vivir lo mejor posible su fe.


¿Divorcio civil o religioso?
Los casos de divorciados vueltos a casar refieren la situación de las parejas que uniéndose por el vínculo del matrimonio sacramental, se separan civilmente y reanudan vida conyugal con otra persona, por lo que no pueden contraer nupcias religiosas. En la Iglesia católica no existe el divorcio. Lo que se hace en algunos tribunales eclesiásticos es analizar si en su momento ese matrimonio existió o no. Hay una serie de elementos que establecen la nulidad (nunca hubo matrimonio), como pueden ser la mentira de alguno de los cónyuges, las amenazas, la impotencia sexual ocultada, etc. Se pueden consultar al respecto los cánones 1083-1105 del CIC (Código de Derecho Canónico).
Si se define que sí hubo consentimiento en el momento del Matrimonio de parte de ambos cónyuges, el Matrimonio existe y no hay poder humano que lo diluya: «lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre» (cf. Mt 19, 6).


En su n.1651, el Catecismo de la Iglesia Católica (CEC) indica que «respecto a los cristianos que viven en esta situación y que con frecuencia conservan la fe y desean educar cristianamente a sus hijos, los sacerdotes y toda la comunidad deben dar prueba de una atenta solicitud, a fin de que aquellos no se consideren como separados de la Iglesia, de cuya vida pueden y deben participar en cuanto bautizados».


En sintonía con esto, el papa Francisco ha exhortado en su catequesis: «Todos los cristianos están llamados a imitar al Buen Pastor. Sobre todo las familias cristianas pueden colaborar con Él cuidando a las familias heridas, acompañándolas en la vida de fe de la comunidad». El ideal es lograr que las parejas, desde el principio, sean conscientes del valor, la dignidad, y la gracia que significa la bendición de Dios en el matrimonio sacramental, para     lograr uniones equilibradas y fecundas, que sean fermento de familias santas. Hay que trabajar denodadamente por ello. Pero no se puede dejar de mirar a un grupo cada vez numeroso de hermanos que por una mala o nula formación cristiana hayan sufrido rupturas en su primera unión y que ahora, en los hechos, desean vivir mejor, de cara a Dios.


Se puede leer la catequesis completa del papa Francisco sobre los divorciados en nueva unión en: http://t.co/VkeOKzooDn
Mariana lvalú Lozano B., Hmsp

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