EMPRESARIOS, TRABAJADORES Y GOBIERNO, SON LA SOLUCIÓN AL EMPLEO DE MALA CALIDAD SALARIAL
En materia de desempleo, hay países que han reportado tasas elevadas: en España, durante la peor época de la crisis (2012-2013) el índice de personas sin ocupación ascendió a 26% de la población económicamente activa. En Estados Unidos, la tasa actual es de 5%, pero llegó a ubicarse en 10% en octubre de 2009. En México, en los últimos años, la desocupación nunca ha registrado esos niveles; por el contrario, en septiembre pasado se ubicó entre los tres países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) con menor desempleo, sólo por debajo de Japón y Corea, al presentar una tasa de 4.3%.
Ante las buenas noticias en materia de empleo es pertinente preguntar ¿qué tipo de fuentes de trabajo predominan en el país? La respuesta la tiene un reportaje que presenta hoy el área de Periodismo de Datos de EL UNIVERSAL: los empleos de mala calidad crecen en México mientras que los mejor pagados se extinguen.
Datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) refieren que en 10 años se perdieron 700 mil empleos con sueldos de más de cinco salarios mínimos (unos 10 mil 500 pesos mensuales), mientras el número de empleos con sueldos de hasta dos salarios mínimos (menos de 4 mil 200 pesos) creció 35% en el mismo periodo, pasando de 9.9 a 13.4 millones.
Esas cifras en poco ayudan para dar a los jóvenes incentivos de estudiar una carrera universitaria. De acuerdo con la misma fuente, el grupo de empleados de mayor escolaridad es uno de los más afectados.
Hace algunos años los egresados de universidades simplemente no encontraban empleo, ahora tienen más
posibilidades de hallarlo, pero la situación no dista mucho de ser igualmente grave, pues el trabajo que encontrarán será de mala calidad, poca remuneración y probablemente sin seguridad social.
En ambos casos, la informalidad se convierte en una opción a considerar para obtener mayores ingresos, debido a que la disyuntiva se inclina marcadamente a un lado: estar en una empresa cumpliendo reglas, horarios rígidos y con frecuencia transportándose a zonas alejadas de su domicilio para ganar tres salarios mínimos o asegurar un ingreso similar —o mayor— en una opción informal.
En la respuesta al problema los propios expertos no llegan a acuerdos. Unos abogan por la elevación inmediata del salario, mientras otros se inclinan por el incremento de productividad y mayor competencia. El riesgo es que mientras se da la discusión para elegir la mejor salida, el deterioro se agrave y la decisión venga demasiado tarde. La solución debe darse de manera coordinada entre empresarios, trabajadores y gobierno: es la hora de un acuerdo contra el empleo de mala calidad salarial.