UN MOMENTO...

¿Que sería de nuestra vida si no fuéramos alegres? Sería una esclavitud pura y simple. Trabajaríamos sin atraer a nadie.

La tristeza, el abatimiento, la indiferencia, la morosidad abren las puertas a la pereza, madre de todos los males y vicios.

La alegría brilla en los ojos, en la mirada, en la conversación y en el semblante, no es posible ocultarla, porque la alegría se desborda. La alegría se nos ha dado para que podamos alegrarnos en Dios por la esperanza del bien eterno a la vista de los innumerables beneficios que recibimos de Él, y sepamos también alegrarnos de la prosperidad de nuestros amigos y vecinos.

La alegría se multiplica en un corazón que rebosa de amor.

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