Sonidos de historia en la Catedral Metropolitana

• Campanas que sonaron en momentos clave de nuestra historia, castigadas por presenciar una muerte y nombradas según su sonido.

Su historia comienza en los años de 1780, construida por españoles; en ella se guardan historias y leyendas de castigos y victorias; además, hoy en día aún apunta al cielo desde el centro del país. ¿Ya saben cuál es nuestro destino de hoy? ¡Nos vamos a recorrer los campanarios de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México!
Nuestro tour de hoy es una parada obligada si se visita el Centro de la Ciudad de México, si bien ahí se encuentran innumerables tesoros sacros, existe una pequeña puerta en su fachada que rara vez se le toma en cuenta, ésta nos lleva directamente al techo de bóveda de la catedral. Atravesamos la puerta de metal llena de óxido y comenzamos a subir por escaleras de caracol de cantera, pero antes de llegar a la cima descubramos un poco de su historia.
Las torres de la Catedral se construyeron entre los años de 1787 y 1791; éstas cuentan con una altura de 64 y 67 metros, finalizando con enormes esculturas de campanas de piedra corondas por una cruz. En las esferas donde descansan estas cruces se pueden leer oraciones y testimonios de la época de la construcción. Conjuntamente, cada torre tiene ocho esculturas monumentales que representan a los santos protectores de la Ciudad de México.
Al subir por las largas escaleras, el aire se torna frío por la piedra -que fue la misma roca usada en el templo azteca que yace debajo de la Catedral- hasta que por fin detrás de una pequeña puerta se revelan ante nosotros los campanarios con sus enormes y gigantescas campanas, algunas ya tornadas verdes por el paso de los años.

Las torres se construyeron para que contuvieran alrededor de 56 campanas, pero el día de hoy sólo están colocadas 30 de ellas. La torre que está en el lado poniente es la que tiene el mayor número de ellas, cada una tiene su nombre por el sonido que se genera al tocarla; la más grande fue nombrada Santa María de Guadalupe, comenzando su historia en los años de 1791, pero no es la más antigua. La que mayor tiempo tiene es la llamada Santa María de la Asunción (1578), también se le conoce como Doña María y pesa algo así como 7 toneladas.
Al estar de pie -debajo de la bóveda de la torre- y rodeado de campanas monumentales, nos sentimos pequeños en un mundo de gigantes de roca y acero; en medio de ellas se encuentra una de las escaleras más raras, no sólo de México, sino del resto del mundo, con cientos de años de antigüedad y son las llamadas Escaleras de forma Elipsoidal, de gran belleza y simetría. Estas escaleras son helicoidales ovaladas que sólo son usadas por los campaneros, ya que son tan viejas que no soportan mucho peso.
Después de apreciar la primera torre nos dirigimos a la segunda, lo hacemos atravesando el techo de la Catedral -por entre sus arcos y cúpulas- dándonos una hermosa vista del Centro Histórico de la Ciudad de México. Una vez ahí, imaginamos como debió ser la vista en la época de la Colonia Española, donde se apreciaban los volcanes con sus cumbres nevadas y los bosques en las montañas que rodeaban la ciudad, así como lo que quedaba del Lago de Texcoco; con ello, el sonido de las calles debajo, los cascos de los caballos al andar en los caminos empedrados de la Ciudad de los Palacios y el murmullo de la gente en su día a día. Un viaje en el tiempo desde las alturas de la ciudad es exactamente lo que sentimos al caminar y tocar lo que fue alguna vez el punto más alto del centro de la ciudad.

A lo largo de los años, estas campanas han estado presentes en momentos clave de nuestra historia: En 1821 replicaron por la entrada del Ejercito Trigarante, un 27 de septiembre; un año después -en 1822- tocaron ante la coronación de Agustín de Iturbide, realizada en la misma catedral; en el año de 1847, replicaron para que el pueblo de la ciudad se defendiera ante la invasión estadounidense un 14 de septiembre y, por supuesto, el 15 de septiembre de 1910, resonaron al dar inicio a las festividades del centenario de independencia, esto por nombrar sólo algunos de sus momentos más memorables.
En el segundo campanario se encuentra una campana con una historia muy peculiar,  la llaman “La Campana Castigada” debido a que en los años cuarentas un campanero joven e inexperto murió cuando el contra peso lo golpeó; en su funeral los sacerdotes decidieron “castigar” a la campana quitándole su badajo y amarrándola, además de pintarle una cruz roja para recordar la muerte del joven. Así permaneció por casi 50 años, hasta que el actual Cardenal ordenó que se removiera el castigo y se tocara nuevamente en ocasiones especiales.
La historia de sus campanas no termina; la más nueva de ellas fue colocada en el año del 2002 por la Canonización de Juan Diego y fue bendecida por el papa Juan Pablo II

Salimos por una pequeña escalera debajo de la segunda torre que nos lleva al atrio de la Catedral Metropolitana; no podemos creer todas las historias que guarda este lugar, desde sus muros creados con la misma roca del templo azteca que reposa debajo de sus pies, hasta el acero, bronce y plata de sus campanas monumentales rematadas con esculturas de roca de los Santos Protectores de la Ciudad de los Palacios.
Un viaje por el tiempo que no debes dejar pasar en tu vista al Centro Histórico de la Ciudad de México en el Distrito Federal.

Costo de entrada: $20

¿Qué llevar?
• No es difícil explorar sus torres, pero te recomiendo llevar calzado y ropa cómoda.

¿Qué no llevar?
• Evita llevar tacones o zapato alto, las escaleras pueden ser resbalosas por el tipo de cantera de su construcción.
• Mochilas y sombreros grandes.

Al caminar en el techo de la catedral ten cuidado por donde pisas, existen ladrillos que están por fuera de la estructura y podrías caer, también evita pintar o dañar las paredes, recuerda que es un monumento histórico de gran importancia.

Por: Raúl García
FB: Raul Garcia Viajes
Twitter: RaulGViajes

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