¡QUIÉN LO CREYERA...! LA CARA OCULTA DEL CELULAR
¡QUIÉN LO CREYERA...! LA CARA OCULTA DEL CELULAR
Cualquier parecido con la realidad . . . . . .
Por favor reenvíenme sus comentarios. Gracias. Saludos
Chútense este artículo de Susana Valdéz…
SUSANA VALDÉS LEVY
Llegué llena de entusiasmo a
trabajar como maestra de Ciencias de la Comunicación en una
universidad local bien puesta y equipada. No lo hice por la paga que siempre es precaria para cualquier maestro del nivel que sea. Mi entusiasmo e interés estribaba en la posibilidad de entrar en contacto con estas nuevas generaciones que, dotadas de tantas herramientas
tecnológicas podrían vencer al tiempo y al espacio llevando la comunicación de la información en tiempo real a cualquier parte y en cualquier momento.
¡Qué privilegio! Pero contrario a eso, me topé con una realidad triste y desesperanzadora.
Lo primero que vi fue la tremenda
desinformación producto de la apatía y el pobre interés de los alumnos en los asuntos de su entorno y su tiempo. No
solo ignoran, sino que no les apetece saber siquiera lo más básico y fundamental. Salvo muy contadas excepciones, como
estudiantes de nivel profesional, no saben cuáles son los municipios de su estado, no se saben los estados de la República Mexicana y sus capitales, los países de América Latina o los países de Europa. No quise ya preguntarles si
acaso recordaban las tablas de multiplicar o la lista de preposiciones. Ni hablar de qué sucede en Siria, y ¿Cuál es la capital de Siria? O hablar de cuáles son los partidos políticos de Estados Unidos y cuál es el partido liberal y cuál es el conservador, de cuántos y cuáles son los partidos políticos que existen en México, o de qué municipio fue alcalde el Bronco y de qué estado fue gobernador Peña Nieto antes de ocupar sus cargos actuales.
¡Nada! Entonces sacan sus teléfonos celulares con acceso a Internet y buscan en Google con esas maquinitas que piensan por ellos, las respuestas. Del mismo modo, en lugar de tomar nota de los apuntes y cuadros sinópticos que escribo en el pizarrón, sacan sus celulares y le toman una foto. Quizás sea precisamente debido a la tecnología y a su dependencia en memorias artificiales, que sus memorias se han atrofiado.
Parecen incapaces de almacenar información o recordar algo desde su memoria natural. Creo que no aspiran al periodismo.
Leen mal y escriben peor. Además de una precaria memoria y ausencia de acervo, me topé con el déficit de atención e interés para con el mundo real. Inmersos en su mundo social virtual, unos piden permiso a media clase para salir a contestar una llamada y los otros no pueden despegar la
vista de las pantallas de sus teléfonos y sus cuentas de Twitter, Whatsapp, Instagram, Facebook, etc. Si les pido que apaguen sus teléfonos durante la clase, comienzan a desesperarse como si les hubiera cortado el suministro de oxígeno.
¡Si tan solo supieran cuán ofensivo y humillante es eso para un maestro que llega al aula con la clase preparada! Poco les importa el arte, la filosofía, la
etimología, la historia o la geografía. Materias básicas para todo aspirante al periodismo. Me pregunto si sucede lo
mismo con los estudiantes de medicina, leyes, economía y finanzas, etc. Más triste aún ha sido descubrir que la gran mayoría aspira a salir en la televisión y creen que
para eso, lo único que hay que cultivar es el aspecto físico, porque como Legarreta o Araiza, no son más que “monitos que leen el teleprompter” con textos redactados por alguien más. Qué triste que sus aspiraciones profesionales apunten hacia una moribunda intestada como lo es la televisión abierta. Como dice el periodista Leonardo Haberkorn: “Enseñarle periodismo a esta nueva generación es tanto como querer enseñarle botánica a seres que vienen de un planeta donde no existen los vegetales.” Sin acervo, sin memoria, sin interés, aturdidos y distraídos en la desinformación y sin
conciencia del mundo real, los aspirantes a
“periodistas” y Comunicólogos de ahora, están separados por una ancha y profunda brecha generacional con respecto a nosotros, sus “aspirantes” a compartir nuestra experiencia como maestros.
Quizás seamos nosotros los que debemos ahora olvidar las cosas como fueron o como creemos que son y prepararnos para ver lo que en un futuro próximo, ellos tengan que ofrecer. Que Dios los guíe a ellos y a nosotros nos proteja….O como dice el Papa: “Recen por mí”.
Yo siempre he intuido que algo nos debe de suceder por el uso excesivo
del celular, este Email nos detalla algunas posibles acciones a considerar para restringir el uso del mismo, en nuestra vida.
Reenviado por Alberto Arriola.