EL TRAJE NUEVO
EL TRAJE NUEVO
Estimado Don Armando Gordillo M., le envío esta reflexión, para que en el caso que lo considere oportuno, pueda publicarla en su prestigioso medio. Como siempre, le agradezco sus atenciones y que Dios lo bendiga.
EL TRAJE NUEVO DEL EMPRERADOR
“Pero si va desnudo”; esta frase corresponde a un cuento de Hans Christian Andersen, en cual se mofa de la vanidad de este mundo. El emperador se pone un traje inexistente y nadie dice nada, ni su séquito ni el pueblo en general, nadie quiere quedar mal ante el mundo. Sólo un niño, con esa inocencia que le lleva a decir siempre la verdad, se atreve a reconocer la realidad. Este cuento me viene a la mente cada vez con más frecuencia, cuando salgo a la calle y veo que se pierde más el pudor y el buen gusto, mientras todos nos quedamos callados. Vale la pena recordar que el pudor es el sentimiento de vergüenza en lo relativo a la desnudez, la honestidad en el vestir y el hablar, el recato.
Nos quejamos de la violencia, la delincuencia, la corrupción y la deshonestidad. Estamos todos de acuerdo de que nos faltan valores, pero cuando se habla de castidad, pureza, pudor, modestia y recato, entramos de inmediato en contradicción, no queremos saber nada de eso y negamos que lo primero pueda tener relación con lo segundo. Nos olvidamos que la Iglesia siempre ha buscado que sus hijos sean virtuosos, que sean dueños de sí mismos y no esclavos de sus propias pasiones. Yo creo que en este caso, la forma es fondo; si vestimos sin recato ni modestia, nuestra conducta tenderá a ser más licenciosa. Veamos a nuestro alrededor, cuántos matrimonios que fracasan, cuántos divorcios, cuántas personas que viven en unión libre, cuántos niños sin un padre o una madre, cuántas madres solteras, cuántas infidelidades. Todo empieza por algo y en mi opinión, las modas indecentes son una de varias causas, de los grandes males que vive nuestra sociedad.
El mundo tiene sus eslóganes para convencernos de vestir con modas indecentes, diciéndonos que se trata de tabús que hay que romper, que la persona que nos reprocha nuestras modas es morbosa, que no hay que ser anticuados. Y al escuchar al mundo, nos olvidamos de los grandes males y desgracias que esto acarrea, tanto a nosotros mismos como a los demás, tanto temporales como espirituales. La Iglesia Católica siempre ha enseñado que las modas que incitan los malos pensamientos y deseos, merecen graves reproches, y las personas que las usan se hacen responsables ante Dios. Recordemos el sermón de la montaña, donde Nuestro Señor señala: “Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Más Yo os digo: Quienquiera mire a una mujer codiciándola, ya cometió con ella adulterio en su corazón.” Mt 5,27-28. También dice Nuestro Señor: “¡Ay del mundo por los escándalos! Porque forzoso es que vengan escándalos, pero ¡ay del hombre por quién el escándalo viene!”. Mt 18,7. Es cosa segura que cambiando pequeñas cosas como nuestra forma de vestir, podemos generar grandes cambios a nuestro alrededor. Ánimo, si se puede.
Atentamente
Alfredo Díaz San Vicente