Mi vida fue adquiriendo sentido y tú guiaste mis pasos con mano firme, para que aprendiera a luchar por lo que quería.
Aún recuerdo la melodiosa voz femenina que susurraba a mi oído y cantaba tiernas canciones en las inolvidables noches de infancia.
Me enseñaste a amar como nadie lo ha hecho, porque Dios te prodigó un corazón inmenso, capaz de expresar los más nobles sentimiento.
Eres la obra perfecta del creador, la mujer que soportó terribles dolores y un hermosa sonrisa me dio la bienvenida a este mundo.
Siempre te brindaré gratitud, porque a través de los años sólo he recibido felicidad y cariño sincero.
¡Querida mamá: Dios te bendiga por mucho tiempo y permita que culmines con éxito la misión que te encomendó!
Madre, eres el consuelo de mis penas y dolores.