TAREA DE TODOS LOS DÍAS
Educación para la democracia HAY BUENAS RAZONES PARA PENSAR que la democracia se afianza poco a poco en las sociedades modernas, aunque no por ello está libre de tensiones internas.
Una de sus tantas paradojas es que en ella debemos resolver lo cualitativo por la vía de lo cuantitativo. Elegir al mejor candidato para un puesto público o las leyes más justas para una sociedad no son asuntos sencillos. Resolvemos estas cuestiones por la vía de la mayoría, aunque sabemos que ésta no es infalible. Hay evidencia histórica suficiente de que el grueso de las voces puede equivocarse y no son pocas las ocasiones en que ha sucedido. De ahí la importancia de trabajar a favor de la consolidación de una cultura democrática. En tiempos electorales, como los que corren, los candidatos deben convencer a la mayor cantidad posible de ciudadanos de la conveniencia de su propuesta. Muchos de ellos están dispuestos a utilizar cualquier estrategia. Por esta razón, debemos ocuparnos de analizar cuáles son los criterios con los que tomamos las decisiones que nos corresponden como ciudadanos. Sería deseable que todos pudiéramos dar razón de nuestra participación política.
La educación para la democracia es una tarea de todos los días y abarca todos los aspectos de la persona. Ahora las cabezas ya no las cortamos, sino que las contamos. Sin embargo, éste es solamente el inicio de una carrera muy larga que tenemos que recorrer para consolidar y cristalizar nuestra democracia. Un pueblo bien educado, pero dominado por sus miedos, es tan manipulable como uno valiente y desinformado. Lo mismo podría decirse de un ciudadano o un pueblo que se conduce solamente por la ira. De ahí la conveniencia de recordar que la democracia demanda la presencia de actores bien educados en todos los sentidos. No es una tarea sencilla, pero sí necesaria.
En este año se celebrarán votaciones y elecciones de distinto tipo, así que tendremos un buen laboratorio para medir nuestros avances y retrocesos en materia democrática.
Algunos ciudadanos acudirán a las urnas y otros decidirán no hacerlo. Algunos darán su voto a un candidato en particular y otros lo anularán. Sin embargo, sería deseable que todos fuéramos capaces de explicar las razones por las que hemos elegido la opción que hayamos tomado. De lo contrario, tengamos o no una mancha indeleble en el dedo, habremos fallado a una de las tareas más elementales de un demócrata.