¡TU PUEDES DAR!
¡En cuántas horas tiene el día, tú das, aunque sea una sonrisa, un apretón de manos, aunque sea una palabra de aliento!
¡En cuántas horas tiene el día te pareces al Señor, que no es sino donación perpetua, difusión y regalo perpetuo. Debieras caer de rodillas ante el padre y decirle:
¡Gracias porque puedo dar, Padre Mío! Nunca más pasara por mi semblante la sombra de una impaciencia. En verdad os digo que vale más que recibir!
Eduquemos a nuestros hijos, para que aprendan a dar, a compartir sentimientos, emociones, riqueza o pobreza.
Eduquémoslos en la responsabilidad, en el compromiso y en la ayuda mutua.