EDUCAR A LOS HIJOS ES EL IMPERATIVO MAS IMPORTANTE
Ante una época llena de antivalores en donde el mismo concepto de familia pretende ser cuestionado y en donde imperan el relativismo y el libertinaje, los padres de familia se encuentran ante un gran reto: la educación de sus hijos. Este es un deber insustituible e irrenunciable, pues son ellos los responsables de los valores o antivalores que los hijos asimilan.
¿Qué estilo de educación reciben sus hijos? ¿Están dispuestos a cambiarla si los resultados no son los esperados?
A continuación se presentan algunos consejos prácticos para llevar a cabo esta educación.
1. Educar con el ejemplo. La forma más eficaz de educar no es la teórica, sino la práctica. Para que sus hijos aprendan la generosidad, el valor del trabajo, el perdón, el amor..., es necesario que los vean palpables en sus padres. No hay mejor modo de enseñar a un niño a tirarse al agua que hacerla con él o antes que él. Por el contrario, la forma más sencilla de maleducar a un niño es cuando los padres dicen una cosa y hacen otra, o bien, cuando exigen lo que no dan.
2. «Enseñar a pescar». Dice un proverbio chino: «Da un pescado a un hombre y le darás alimento para un día, enséñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida». Muchos padres de familia tratan, por todos los medios, de resolver inmediatamente los requerimientos de sus hijos, desde el dulce que desean, hasta hacerles sus tareas o darles la razón cuando no la tienen. Esto los va haciendo personas dependientes, inseguras, altaneras y autoritarias, incapaces de un gesto generoso o de sacrificio. En cambio, una auténtica educación enseña a los hijos a enfrentarse a las diferentes situaciones reales de la vida, sin dependencias y sin sobrevalorarse a sí mismos.
3. Fundamentar su relación en el amor. Sobornos, trueques o chantajes a cambio de una buena conducta, de realizar alguna labor en casa o por hacer su tarea, envenenan el alma de los niños, pues aprenden a hacer las cosas por conveniencia y no por amor y responsabilidad. El fundamento de todo hogar ha de ser el amor, de lo contrario el egoísmo y el interés propio prevalecerán, destruyendo a la familia.
4. Invertir tiempo con sus hijos. Los padres son insustituibles. Un matrimonio muy agobiado por su trabajo profesional buscaba en una tienda de juguetes un regalo para su niño: pedían algo que lo divirtiera, lo mantuviese tranquilo y, sobre todo, le quitara la sensación de estar solo. Una dependiente inteligente les contestó: «lo siento, pero no vendemos padres».
5. Especificar el porqué de las cosas. El niño es muy receptivo. Si se le explica claramente sobre la bondad o maldad de las cosas, él irá asimilando por convicción y no por imposición ciertas conductas, y aprenderá a optar siempre por lo mejor. Asimismo, mostrar al hijo que se confía en él, es un gran incentivo que lo impulsará a llevar a la práctica la opinión positiva que de él se tiene.
6. Ejercer la autoridad. La educación al margen de la autoridad que se ha promovido hoy, ha demostrado ser fracasada y obsoleta, contradicha por aquellos mismos que la han sufrido. El niño tiene necesidad de autoridad y la busca. Recuerdo una petición hecha por varios adolescentes: «pónganos de encargada a alguien que nos corrija», «sí, a alguien que nos exija»... Es verdad. Si no encuentran los hijos a su alrededor una pauta que seguir ni algo «en que sostenerse», se sentirán inseguros, nerviosos o extraviados y, muy probablemente, seguirán a cualquiera que les ofrezca cierta «estabilidad».
7. Formar la conciencia. Hoy, el gran bombardeo que reciben los hijos por los mass media, principalmente el internet, hacen que su forma de pensar esté llena de antivalores. La solución no es un «régimen policial», sino que es necesario que sus hijos interioricen y hagan propios los criterios correctos, que formen su conciencia, aprendiendo a distinguir claramente lo bueno de lo malo.Se trata de ayudar a los hijos a preguntarse el porqué de un determinado comportamiento y, de acuerdo a sus respuestas, hacerles ver la bondad o maldad del suceso.
8. Recurrir a la ayuda de Dios. Para lograr el auténtico crecimiento de los hijos no hay mejor ayuda que la que el mismo Dios brinda. Él es el Padre por excelencia y en su Palabra se encuentra la mejor orientación para la vida. Para que todo lo dicho anteriormente tenga un efecto positivo y logren educar adecuadamente a los hijos, deben los padres orar juntos por ellos. Bendecirlos cada día y enseñarles, a su vez, a darles a ustedes la bendición, creará lazos estrechos que les permita saber que cuenta con ustedes siempre.
Gloria del Socorro Rodríguez Caballero, HMSP