LES VALE GORRO: LOS ACUERDOS INTERNACIONALES
La propuesta del Presidente de México de legislar el «matrimonio igualitario», además de minar la institución familiar y, consiguientemente, la estabilidad de la Patria, va en contra de los Acuerdos Internacionales firmados por México. Sorprende cómo de una investidura tan alta venga el desconocimiento de documentos tan importantes. Que se equivoque una persona, no sorprende; pero que los consejeros sean tan ignorantes, des-oncierta. ¡En manos de quién estamos!
En el sexenio del presidente López Portillo, el 24 de marzo de 1981, México se adhirió al Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. En el artículo 23, 1 de ese Pacto se lee: «La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad que tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado». Y en el artículo 23, 2: «Se reconoce el derecho del hombre y de la mujer a contraer matrimonio y a formar una familia, si tiene la edad para eso».
Los amantes de novedades y enemigos de la enseñanza del Evangelio se mofan de los «conservadores» y dicen que «el mun- do entero» está en pie de lucha defendiendo el «matrimonio igualitario». Mienten esas personas, ya que sólo en 22 naciones de las 200 que hay en Tierra están en esa manía de querer destruir la familia para luego destruir las naciones.
La promoción del denominado «matrimonio igualitario» de quien lo propone, y los gritos rabiosos de quienes lo apoyan, parecen reacciones de gente que no entiende lo que hace y lo que dice. Primero, no perciben que esa propuesta va en contra de su familia, de la familia de sus hijos y de la consistencia de la Patria. Porque destruir la familia equivale a destruir la sociedad. No se entiende que, para tener un México de leyes, de progreso y de paz, hace falta que los niños nazcan y crezcan en el calor de un hogar encabezado por un papá y una, mamá.
Segundo, lo que el Presidente pretende no es una ley constitucional, sino que es sólo una propuesta que va en contra de los Convenios Internacionales firmados por México. En junio pasado, una sentencia del Tribunal Europeo de los Dere- chos Humanos interpretó sendos artículos de la Convención Europea de los Derechos Humanos. En la parte medular, los 47 jueces, representantes de otras tantas naciones, afirmaron que, aunque los Estados pueden legislar en torno al Matrimonio, también «es cierta la inexistencia del derecho de los homosexuales a contraer nupcias», conforme al concepto del Artículo 12 del Convenio, el cual establece el Matrimonio solamente entre un hombre y una mujer.
Todo el mundo sabe que, por encima de los mexicanos enemigos de Cristo y de su Iglesia, está la fuerza aplastadora de los masones cuyos dioses son Lucifer y el capital que rige la economía mundial.
Divina es la enseñanza de Cristo que afirma: «No se puede servir a Dios y al dinero» (Lc 16, 13). El opuesto de Dios es el «dios dinero». Sin duda, éste triunfa al principio en las mentes débiles. Pero el que tiene fe en la Providencia divina siempre está libre de esa esclavitud del poder económico de los masones.
El triunfo inicial lo tiene Satanás, pero el definitivo es de Cristo, segunda Persona de la Santísima Trinidad. Los que tenemos fe en Dios no nos sometemos a los que quieren destruir a la familia y la sociedad con el poder del dinero, que es causa de la corrupción y de la pobreza de miles de millones de seres humanos.
A los adoradores del «dios dinero» no les importa la justicia y la vida de los demás. Al contrario, con tal de triunfar promueven el aborto, la eutanasia, la fabricación de las armas, hasta llegar a llevar a la humanidad a una confrontación armada y acabar con la mayor parte de ella.
Nosotros que conocemos la doctrina de Cristo, que es vivir amando, rechazamos el poder de Lucifer.
P. Luigi Butera, MSP