CASOS COTIDIANOS
Desde niño mis padres se interesaron mucho por mi educación y aunque somos de humilde extracción, a ellos no les importó y gran parte de sus ingresos, porque los dos trabajan, lo utilizan en la preparación académica de sus hijos, mi hermana y yó.
Esta situación redujo mucho sus posibilidades de comprar un vehículo, razón por la cual tenemos que desplazarnos en el transporte público diariamente, ellos a sus trabajos, mi hermana, y yó, a la escuela y para colmo de mis tareas como estudiante, dos veces por semana vamos al gimnasio y los fines de semana participamos en torneos de tae kwon do sin dejar de practicar a diario los ejercicios y la gimnasia que los acompleta, ¡todo un horario completo de trabajo!
Algo anda muy mal en la Sociedad Mexicana porque, en la Escuela, en la calle, en los comercios y a diario se sabe de casos de robos, de asaltos, de secuestros y a nosotros no nos podía ser indiferente al asunto, y ya temíamos que, algún día, nos pasaría algo desagradable, porque a nuestros amigos, a los vecinos, a nuestros parientes; ya les había pasado.
Resulta que un día de tantos voy en el transporte público y, para distraerme, saco un libro y empiezo a leer, más de pronto se paran dos sujetos amagando a la gente con pistolas y uno más se dedica a vaciar los bolsillos del pasaje profiriendo insultos y amenazas, al abrir mi mochila, el ladrón se percata de que llevo mi uniforme de taekwondo y en forma alevosa, trata de golpearme diciendo ¡a ver si eres muy fregón! y por reflejo condicionado logró detener sus golpes y someterlo pidiendo a sus compinches que no me disparen ya que les voy a dar mis pertenencias, a lo que acceden y se bajan del microbús a toda prisa con el botín y huyen, sin embargo el ratero al cual sometí me jura por su madre que si me vuelve a ver, me va a disparar.
Desde ese día los nervios me traían todo alerta y en plan defensivo ya que la ruta que utilizo se ha vuelto muy peligrosa por el número de asaltos y la creciente cantidad de drogadictos y maleantes que se dedican a robar para no trabajar, y como la droga es cara y muy adictiva, estos tipos tienen que robar mucho para sostener sus vicios.
De regreso a mi hogar, después de asistir a clases me doy cuenta de que dos de los tipos que me habían asaltado antes ya iban en el microbús y, al instante de verme, sacan sus armas y tratan de dispararme, por lo cual doy una patada al rostro de uno de ellos y lo dejo fuera de combate, el otro logra sacar su arma y dispara justo en el momento en que le aplicó una llave a la articulación de su mano, pero se aferra al arma y forcejeamos, le hago una voltereta para llevarlo al piso con una especie de "arco olímpico" y el arma se detona lesionando al tipo gravemente.
El chofer del microbús entra en pánico y comienza a correr como loco y uno de los pasajeros, por inercia fúrica, abre la puerta y avienta a la calle a uno de los asaltantes que estaba noqueado en el piso de la unidad, ordena a gritos al conductor que nos baje y me grita i baja muchacho y huye! Entramos en pánico los demás ocupantes del microbús y huimos a toda prisa, dejando a los rateros mal heridos uno en la calle y otro en el interior del microbús.
Yo, quise dar parte a las autoridades, pero mi padre y mis vecinos me aconsejaron que callara porque a mí me podía caer todo el peso de la ley y a ellos, ya nada los podía salvar.