BASTA DE PROTESTAS
Tenemos que hacer el máximo esfuerzo cada uno de nosotros para ajustar hasta el mínimo acto de nuestra vida al marco de la más estricta justicia y de la moral, si es que deseamos vivir en México en paz y en total tranquilidad.
Por otro lado, si en verdad deseamos que nuestra clase política esté integrada por hombres y mujeres íntegros, trabajadores, deseosos del bienestar común al igual que el resto de la sociedad, esta es la única receta válida; mientras inútilmente esperemos que los demás cambien mientras nosotros continuemos aferrados a los hábitos y costumbres que solo han resultado útiles para abonar al actual relajamiento de nuestras costumbres y propiciado el clima de inseguridad y de violencia, el cual momento a momento insoportables y en pleno aumento para acabarla de perfeccionar.
Protestamos porque nuestro gobierno y sus instituciones han demostrado su incapacidad o su poca o nula voluntad en poner orden y disciplina en los diversos aspectos de la vida nacional y, nos olvidamos de que toda la maquinaria gubernamental de los tres órdenes y de los tres poderes son el producto de la sociedad de cual forman parte, y si esa sociedad está enferma, decadente y relajada como lo está; acaso va a producir los elementos requeridos, idóneos para desempeñar aún las más altas responsabilidades como, sin duda es el deseo ciudadano.
¿Puede alguien dar lo que no tiene? Este apotegma es válido para los individuos, lo mismo que para las instituciones.
Cambiemos nuestra actitud que protesta por todo, que culpa a otros por nuestros propios males y limitaciones y en un acto de valor y decisión social reconozcámonos como los únicos responsables de todo: de lo bueno como de malo, que hasta este momento ha formado parte de nuestro turbulento existir.
Guadalupe Nava