AMIGOS:

No es nada nuevo, pero creo que es muy importante que se insista en este tema; no es  posible que nos mantengamos callados los que de alguna manera tenemos voz pública y no aprovecharla seria el desperdicio más imperdonable.

Y la sociedad jamás nos lo perdonaría. En lo que quiero insistir es la gravedad de la impunidad que impera en nuestro país de manera generalizada.

Según declaraciones recientes del presidente de la CNDH, Lic. Raúl González Pérez que en 82% de las indagaciones relacionadas con homicidios de comunicadores existe IMPUNIDAD cifra que sube al 100% en los casos de los periodistas desaparecidos.

Y de los 51 atentados contra instalaciones  de medios de comunicación únicamente se ha resuelto el 10%. ¡Viva la Impunidad!


URGENTE:

Quizá una posible disminución de la impunidad seria que, empezando con el primer mandatario y siguiendo con los funcionarios del mas alto nivel hasta llegar a los servidores públicos más modestos reconocieran sinceramente la importante labor que desarrollan los periodistas y defensores de los derechos humanos en beneficio a la sociedad y, de manera  contundente a favor de las clases más necesitadas las cuales lo único con que cuentan es la voz de los comunicadores y el apoyo de los defensores de los derechos humanos.

A mayor abundamiento en los últimos 5 meses se ha incrementado 300% el número de casos de violencia encontra de periodistas respecto a 2016, según el mas reciente análisis realizado por la CNDH. Por último explicó la necesidad de que cada uno de los que resulten responsables reciban la sanción que proceda.

INÚTIL:

Por los resultados hasta ahora conocidos de la visita a nuestro país del Papa Francisco, en febrero de 2016 se puede fácilmente deducir que fue de muy dudoso provecho tanto para la grey como  para el episcopado mexicanos y clérigos en general.

No me cabe la menor duda que deben de haber numerosas excepciones, pero en términos generales siento que el Papa camina por un rumbo un tanto distinto al resto del catolicismo, por lo menos en México, y en las actuales circunstancias por las que atraviesa pensamos que debería estar la Iglesia más involucrada en el combate al crimen, a la corrupción y desde luego al combate a la impunidad.

En los casos que se han dado en contra de sacerdotes secuestrados, torturados y por último asesinados, la actitud de los obispos ha sido, a mi juicio, tibia, por decirlo suavemente.

Me queda claro, que en el caso de los sacerdotes asesinados se debió a venganzas por las denuncias que ellos con toda valentía realizaban públicamente en consecuencia al  ejemplo del Pastor que da su vida por sus ovejas a cambio de no callar las injusticias y todo tipo de abusos en contra de la gente. 

Yo creo que todos los católicos quisiéramos ver que la clerecía  saliera de sus nichos, de la comodidad de sus casas parroquiales, de sus palacios episcopales y que los púlpitos fueran  convertidos en tribunas desde los cuales escucháramos voces que nos indicaran de que manera contrarrestar el avance de la delincuencia, de la corrupción y todo aquello que vaya contra lo establecido en pro de la doctrina cristiana, en daños al ser humano, exactamente como el santo padre no se cansa de pedir a la humanidad entera.

Necesitamos que se nos infunda valor y hasta coraje para enfrentarnos a los retos de la vida moderna y perder el miedo de un pleno acercamiento a los principios de un auténtico CRISTIANISMO.
 

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