¿POR QUE QUEREMOS VOLVER A CONFIAR?
Por qué queremos volver a confiar. Fuimos criados con principios morales comunes: Cuando éramos niños, madres, padres, profesores, abuelos, tíos, vecinos eran autoridades dignas de respeto y consideración. Hoy los hijos y nietos de los poderosos digieren sus ganancias. Hacen y dicen lo que quieren. Gastan todo cuanto pueden. Aquí, allá y acullá. Son los hijos de la élite mexicana. Se permiten todo exceso. Y lo aprueban sus progenitores o tutores. Olvidaron que cuanto más próximos o más viejos éramos, más afecto nos daban. Era inimaginable responder mal, sin educación a los más ancianos, a maestros o autoridad. Había respeto. Confiábamos en los adultos porque todos eran padres, madres o familiares de todos los chicos de la cuadra, del barrio, de la ciudad. Teníamos miedo apenas de lo oscuro, de los sapos, ratones, o películas de terror. Hoy tenemos una tristeza infinita por todo lo que hemos perdido. Por todo lo que nuestros nietos un día temerán. Por el miedo en la mirada de los niños, jóvenes, viejos y adultos. Ya enfrentan también, con tristeza los Derechos Humanos para criminales. Deberes ilimitados para ciudadanos honestos. Creen que pagar las deudas es ser tonto. En la Amnistía para los estafadores. Que los honestos son pendejos. ¿Qué pasó con nosotros...? Profesores maltratados en las aulas, Comerciantes amenazados por traficantes. Los corruptos pavoneándose de su poder, Rejas en nuestras ventanas y puertas. Cada uno encerrado en su mundo. Autos que valen más que abrazos, Hijos queriendo regalos por pasar de curso. Celulares en las mochilas de los recién salidos de los pañales. Pero ¿qué tenemos que dar para recibir un abrazo? Más vale un Armani que un diploma. Más vale una pantalla gigante que una conversación. Más vale un auto caro que una amistad a toda prueba. Vaya, más vale parecer que ser, palabra. Reflexionemos para saber cuándo fue que ser correcto desapareció o se hizo ridículo. Nos urge, porque queremos sacar las rejas de nuestra ventana para tocar las flores. Sentarnos en la vereda y tener la puerta abierta en las noches de verano. Que sea la honestidad motivo de orgullo. Al igual que la rectitud de carácter, la cara limpia y la mirada a los ojos. Queremos volver a enorgullecerme de nuestros líderes políticos. Queremos la vergüenza, y la solidaridad. La esperanza, la alegría, la confianza, la fe. Que la “palabra de hombre” vuelva a ser sinónimo de juramento. De honor, como antes. Queremos el retorno de la verdadera vida, simple como la lluvia, limpia como un cielo de abril, leve como la brisa de la mañana. No queremos tener, sino ser. Así de humilde y sencillo. Definitivamente común, como nosotros o como tú. Adoramos un mundo simple y común. Tener el amor, la caridad, la solidaridad como bases de vida. Indignarnos delante de la corrupción, la falta de ética, de moral, de respeto. Volvamos a ser “gente”, a recuperar la “tribu” perdida. Construir un mundo mejor, más justo, donde las personas respeten a las personas, con tolerancia y sin permisividad. Es utopía, preguntaríamos. Quién sabe. Pero al menos debemos intentarlo. Nuestros hijos, nietos, bisnietos se lo merecen, como usted o nosotros que lo anhelamos.
Hagamos el intento.
Carlos Ravelo Galindo, afirma.