El Hombre Lobo


Los mitos y el folclor en torno a los licántropos u hombres lobo —así como de otros seres humanos que pueden convertirse en animales— son de una añeja tradición en diversos pueblos europeos, y su origen en la imaginería popular puede rastrearse hasta los escritos de Petronio, en el siglo I de nuestra era, o en el Medievo con Gervasio de Tilbury.


Fue en el siglo XIX cuando ciertos autores de ficción empezaron a dotar a la criatura de las características con que los asociamos hoy: que están cubiertos de pelo, que su transformación depende de las fases de la Luna —en especial con la Luna llena—, el hecho de que un Hombre Lobo puede 'contagiar' a otro con una mordida, y que son vulnerables a las balas de plata.


Pero el verdadero salto del Hombre Lobo hacia la cultura popular del siglo XX vino, como es de esperarse, del cine de Hollywood: en 1941, Lon Chaney Jr. encarnó a The Wolf-Man, una película dirigida por George Waggner. El éxito de la película determinó la presencia y el aspecto de los licántropos entre las criaturas terroríficas que pueblan la imaginación y las Noches de Brujas, como la que hoy vivimos.

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