NAVIDAD
Lamentablemente, muchas personas no creen que es en la palabra de Dios donde encontramos la luz de Dios para nuestras vidas. El mal avanza sin descansar para destruir la vida de los hombres. Este año, con mayor insistencia que antes, la célula de la sociedad, la familia, ha sido atacada con ideologías perseguidoras de intereses egoístas y demoniacos. La familia, al querer ser equiparada con uniones antinaturales entre personas del mismo sexo o personas que según ellas pueden “ser lo que quieran”, pretende ser degradada o eliminada.
La Navidad nos recuerda tanto la Encarnación del Hijo de Dios en el seno virginal de María, como su nacimiento (cf. Lc1,35;2,7), y no debemos perder de vista que, no obstante que Jesús no es hijo biológico de José, él quiso nacer y crecer (cf.Lc2,39-40) dentro de esta unión matrimonial entre un hombre y una mujer que es lo único a lo que sensatamente le podemos llamar familia. Por lo tanto, la celebración de la Navidad debe ser motivo para vivir el misterio del nacimiento del Señor, no de manera aislada sino dentro de la familia. Que la Navidad sea ocasión para que, como familia unida, se predique esta realidad querida por Dios.
Muchos hoy levantan la voz queriendo imponernos sus ideas… ¿por qué la familia no hace lo propio para testimoniar el mensaje del Señor? Proponemos los siguientes pasos para que en esta Navidad la familia evangelice y dé testimonio desde la unidad.
Ir a Misa en familia: la celebración de la Misa es la oración por excelencia de los cristianos. En ella se actualiza el misterio de Cristo y la unión de Dios con los hombres; nos alimentamos del pan de la Palabra y de la sagrada Eucaristía. Que la fiesta de Navidad no se reduzca a una mera “pachanga”, donde el que debería ser el centro nunca lo es.
Rezar y orar juntos: “la familia que reza unida permanece unida” decía san Juan Pablo II. Antes de la cena o de la abundancia de comida que generalmente hay en estas fiestas, será necesario buscar el encuentro con Dios mediante la oración en familia. Jesús quiere nacer en nuestros corazones, pero lo hará sólo en aquellos que estén dispuestos y se abran a un diálogo con Él. Asistir a una Hora Santa, rezar el Rosario, arrullar al niño Dios y el canto de los villancicos son una buena opción.
Cenar juntos: este acto de estar juntos a la mesa y compartir los alimentos, fruto de la providencia de Dios es muy necesario. La mesa es el lugar donde se congregan los que comparten no sólo lo que tienen sino lo que son. Es el lugar de la fiesta. Es también un arma contra la soledad y la depresión que se agudiza en esta época.
Preferir el hogar antes que los amigos: terminemos con la triste tradición que algunos tienen de salir de casa en estas fiestas para estar con los amigos o, peor aún, para andar en antros. Así lo hacen quienes pretenden evadir su realidad familiar. Si en casa no es muy común celebrar la Navidad es necesario esforzarse. No hace falta gastar lo que a veces no se tiene para estar juntos, lo que une no son los regalos ni la comida, sino Cristo.
Dejémonos alcanzar por este Niño que nace y que viene a ser la luz para todos los hombres. ¡Familia, predica la verdad de Cristo, evangeliza, busca la unidad, el diálogo, el perdón, y así seguirás configurándote con lo que en realidad eres: célula de la sociedad e iglesia doméstica!
José E. Hernández R., MSP