EL BAILE COMO TERAPIA
Moverse al ritmo de la música es una capacidad que tiene el cerebro humano desde antes de nacer que termina al concluir la vida nuestra. La mayoría de nosotros lo aprovecha poco, como recurso vigorizante, lo usan como última acción para divertirse en fiestas -ni modo a huevo o para mantener la salud física y mental, y prefieren largas hora de caminar, trotar en forma aburrida exponiéndose a la maldad humana.
El baile, compruébenlo te llega a poner en un estado de placer al sentir que lo supiste aprender bien, que recuperaste tu coordinación muscular y mental ahora que ya todo se te está olvidando y te están alcanzando las enfermedades, el movimiento placentero ayuda a paciente que sufren enfermedades degenerativa como párkinson y demencia senil, a los que ya tienen Alzheimer, paradójicamente olvidan que están padeciendo esta triste enfermedad y recuerdan eventos importantes de su vida al bailar, en general el baile incrementa la socialización; moverse con la música tiene el cerebro conexiones antigua con música y propia especie, la única que puede sentir placer al moverse con música y que nos guste o no activa el Tálamo de ahí, la información viaja al lóbulo temporal y el ritmo regresa inmediato a la zona de planificación motora que es el lóbulo frontal, y a las redes que se activan como el cerebelo que capta señales de la médula espinal y coordina los movimientos musculares si un individuo escucha pero no baila, el cerebelo disminuye su actividad es decir que soslaya a la razón… el baile también incrementa la imitación, gesticulación y maduración de movimientos corporales lo cual no solamente ayuda a los adultos sino también a los niños, música y baile contribuyen al desarrollo social de la comunidad, aquel que baila y que escucha o canta tiene una predisposición a volverlo a hacerlo. Todavía se sigue estudiando la maravilla del cerebro que tenemos el cual toda su vida puede identificar estímulos importantes sobre la música incrementando la capacidad de interpretación, atención y memoria con ello podemos ser capaces de seguir haciendo movimientos iguales a diferentes velocidades o de estética, sincronizando movimientos con la pareja. Entonces no queda de otra, mas que, A BAILAR.
(Chaicovsky Pérez)