SI EN VERDAD
SE QUIERE LA TRANSFORMACIÓN
Estimado señor Gordillo:
Lo saludo con afecto, y le pido tenga la bondad de publicar estos comentarios. Le anticipo mis más expresivo agradecimiento.
Según el conteo de votos al día lunes, morena se llevaba casi 30 millones, en realidad fue una de las más copiosas, es más: sin duda estas del domingo pasado fueron las más concurridas en décadas, cosa que no veíamos desde los gloriosos tiempos del decadente partido institucional. Qué bueno, que haya resultado así, de esta manera los integrantes de morena se sentirán más comprometidos para entregarse en cuerpo y alma al servicio de todas las comunidades, sin importarles en qué condiciones se encuentren ni los lugares de sus asentamientos, todas entrarán a formar parte del cambio: adiós a desigualdades y ahora se impone atención esmerada a los grupos marginados, olvidados; vaya, todos los pobres serán objeto y blanco de los programas asistenciales como nunca se ha visto en México y esto será posible con tan solo el producto de la desaparición de la corrupción llevada a cabo por Andrés Manuel López Obrador.
Andrés Manuel, a lo largo de su campaña le escuchamos declarar y lo repitió en la noche del domingo 1 de julio: “será un cambio de régimen para separar el poder político del poder económico; para construir un país con más igualdad, menos pobreza y cero tolerancia a la corrupción; promoverá libertades y respeto a derechos; habrá más democracia y mejor rendición de cuentas”. Qué bonito. A lo que yo le agregaría un fragmento del artículo del Ministro de la SCJN, José Ramón Cosió Díaz publicado en El Universal el pasado martes: “Si de verdad se quiere transformar a México, ello debe pasar por el derecho. De otra manera, estaríamos frente al más burdo autoritarismo, ese que todos los candidatos rechazaron buscar. Pasar por el derecho exige, a su vez, un esfuerzo por limpiarlo, ordenarlo y adecuarlo. El derecho como herramienta del cambio tiene que ser ajustado para que pueda ser útil al fin buscado. Eso, nada menos, es lo que habrá que hacer simultáneamente en los años por venir. El cambio sin derecho nos llevará a la destrucción de lo político y de lo social; el derecho sin cambio, a la imposibilidad de cumplir con los mandatos que las urnas acaban de expresarnos. En momentos de júbilo político, puede pensarse que las normas jurídicas son irrelevantes. Ello es un error. . . “
Espero, señor Gordillo, que estos comentarios sean de su interés y que puedan ver la luz pública cuando usted lo juzgue oportuno.
ATENTAMENTE
Dr. Arturo Aguilar