NO LOS IGNORES

Estimado señor Gordillo, le mando la siguiente reflexión para que sea publicado en su periódico si así lo considera conveniente: Hace unos días, vi en el canal de la UNAM una película-reportaje que muestra con crudeza la triste realidad que viven nuestros hermanos centroamericanos que se ven obligados a emigrar a los Estados Unidos. En las entrevistas reflejan el dolor, la tristeza, la melancolía y el miedo que enfrentan cada día.

El nombre de la película es "Casa en tierra ajena", tal vez la encuentren en internet.

Algunas pocas personas y organizaciones piadosas los proveen de agua y alimentos por algunos días, sobre todo cuando ya están muy cerca de la frontera, aunque a lo largo de su ruta lo que más encontrarán serán miradas y ceños fruncidos de gente que los mirará con desprecio, y les negará un peso o una palabra de aliento.

Ellos atraviesan nuestro país para ir a territorio estadounidense porque en el suyo hay mucha pobreza y desempleo, en su desesperación ignoran que los estadounidenses pueden regresarlos; que al cruzar el río Bravo o el desierto, pueden terminar muertos; que al subirse a "La Bestia", el tren que recorre México, pueden accidentarse y quedar paralíticos o perder algún miembro de su cuerpo.

La pobreza, la maldita pobreza, ese ente demoníaco que abunda en el mundo, los ha llevado a tomar esa decisión. No saben con qué se enfrentarán pero no tienen opciones. Es muy probable que en su camino se encuentren con personas insensibles a su dolor, que en lugar de ayudarles los van a extorsionar, humillar, golpear, violar. Si consiguen llegar a la frontera todavía tendrán que atravesarla, obtener trabajo, esconderse de "La Migra", pasar hambre, sed, padecer el infortunio de ser ilegales en un país desconocido y con un idioma diferente.

Intentan llegar a otro país donde harán los trabajos de menor remuneración y al que harán prosperar con su esfuerzo, sin que se les de mérito sobre eso; por el contrario, por desgracia, se les señalará como ilegales en un lugar donde la discriminación y el menosprecio hacia los ciudadanos de otros países abundan y donde se les persigue por su condición.

Por eso, cuando vean en la calle a alguno de ellos que con sus manos te indica que quiere algo para poder comer, no los ignores, ellos están atravesando una situación que muchos de nosotros no podemos entender en su cruel realidad. Viven un drama que muchos de nosotros ignoramos.

Nosotros podremos tener problemas, algunos más que otros, pero vivimos en nuestra tierra, en nuestro país, dentro de un hogar, en una familia.

Si los ves mendigando entre el pesado tráfico, no les niegues una moneda o una palabra de aliento. Ellos te lo devolverán con una sonrisa y con una bendición. Como se dice: eso no te hará más pobre, y sí en cambio, te traerá una satisfacción, y a ellos una esperanza.

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