CHIRIGOTEANDO
CHIRIGOTEANDO
AMIGOS:
Según mi humilde opinión, la sociedad mexicana debe sentirse con un cierto sentimiento de culpabilidad por los casos tan numerosos de dolor extremo y de suma vergüenza: no es para menos 37 mil desapariciones forzosas que se han registrado en todo lo largo y ancho del territorio nacional. Para mayor desgracia, son muy contadas las familias que han tenido, digamos un poquito de suerte, en dar siquiera con los restos de su ser querido, porque para la gran mayoría de familias dolientes, con mucha frecuencia, en sus indagaciones nada más reciben evasivas y hasta respuestas sarcásticas por parte de las diversas autoridades: “esperen tres días porque de seguro se fue con el novio”; o si se trata de desapariciones anteriores las respuestas son: “tan pronto tengamos alguna noticia se la notificaremos”. ¡Sas, se acabó!
DESESPERADAMENTE:
¿Acaso no son fruto de nuestra sociedad: secuestradores, asesinos, roba chicos, violadores, asaltantes, traficantes de personas, degenerados pervertidores de menores, ladrones en sus diferentes modalidades, asesinos de mujeres y violadores de niñas que luego éstas aparecen sin vida en lotes baldíos o en las orillas de las carreteras más apartadas? Y, por otro lado, esas autoridades que se hacen de la vista gorda, de las sordas y, según les conviene, también de las mudas; por ventura, ¿no, también forman parte de la sociedad?: ¿en qué momentos, como sociedad perdimos el rumbo y, ahora desesperadamente buscamos reencontrarlo porque ya no soportamos vivir en medio de la incontrolable violencia, la inseguridad galopante y en total desorden?. Pero, en tanto no reconozcamos y aceptemos que de la sociedad entera depende la paz y el total bienestar de ésta, de nada o de muy poco servirán ejércitos, policías, armas de todos los calibres máxime en ensangrentadas manos de gobiernos coludidos con los criminales, éstas jamás serán suficientes, insisto, sin la participación de la gente sin importar su condición socioeconómica ni su escolaridad.
DESCUIDO:
Yo no sé, pero si es muy visible que el gobierno de transición, por lo menos en algunos de sus miembros ya nombrados se advierte de indiferencia ante sus futuras responsabilidades a pesar de que en varios casos se trata de secretarios de estado o bien directores de las más importantes instituciones, como ejemplos mencionaré algunos: el mismo López Obrador, Alfonso Romo jefe de la oficina de la Presidencia; Alfonso Durazo secretario de SSP; Ing. Javier Jiménez Espriú, SCT, Esteban Moctezuma Barragán SEP, entre otros. Estas actitudes no dejan de causar cierto inquietud porque si profundizamos concluimos que les falta motivación y hasta vocación el servicio público, máxime con los programas de austeridad de don Andrés Manuel. Al parecer esto es poca cosa pero estos detalles los reciente la calidad del servicio prestados a la gente. Mientras tanto SI QUEREMOS LA PAZ TRABAJEMOS Y OREMOS POR LA JUSTICIA y hasta la próxima chirigoteada amigos. [email protected]
LA SANA CONVIVENCIA SOLO SERÁ POSIBLE CON UN SENTIDO RELIGIOSO
CONVIVENCIA ENTRE LAS NACIONES
Ante la experiencia de la historia de la humanidad, sembrada de genocidios intelectuales, físicos y morales y a la vista de este mundo globalizado, de tantos crímenes como se cometen a la vista de nuestros ojos, nadie puede quedar inactivo, ni conformarse con palabras de repulsa.
Para que la convivencia entre los hombres sea humanamente posible es preciso que la verdad o verdades esenciales que están contenidas en lo que conocemos como Ley Natural, es decir, escritas en la conciencia de cada uno, sean reconocidas universalmente y protegidas por medio de leyes justas recogidas en un ordenamiento jurídico que obligue a todos. Y que respete, por supuesto, los valores contrastados por la experiencia de siglos.
Deberíamos respetarnos y querernos como hermanos, pero, como la realidad de la naturaleza humana dañada por el pecado original es como es, cada uno de nosotros tendrá que luchar contra las propias inclinaciones y esforzarse por corregirlas, cuando pongan en peligro valores humanos que se consideran necesarios para una convivencia sana.
Hacerlo será un bien ejercicio que exige humildad, porque en general nos creemos dioses que nunca se equivocan, poseedores de la verdad, cuando la verdad es solo una e indivisible. Vivir según la propia verdad subjetiva, es como pretender acallar las conciencias, y esto es falso.
El mal de esta sociedad es que quiere prescindir de Dios, y Dios no es el problema, sino la solución, como dijo Benedicto XVI. Sin una ley moral religiosa, basada en el temor de la divinidad, nunca habrá paz y seguridad entre las naciones, es la experiencia de siglos de generaciones, porque los hombres se han creído dioses y han actuado siempre como tales.
También se pretende prescindir de la familia. Y la familia, lo demuestra la historia de los pueblos, es el centro y la raíz de la sociedad, lugar donde el hombre aprende el valor de las cosas, de la vida, de la solidaridad y del amor en el calor del hogar. En la familia se aprende a amar para luego derramarlo en la sociedad. La familia es como la sangre en el torrente circulatorio, llega a todos los sitios.
Si se sigue viviendo con criterios subjetivos, según el saber y entender de cada uno, intentar una convivencia sana seguirá siendo una utopía. La sana convivencia solo será posible con un común sentido religioso. Un misterio para el hombre mundano.
Antonio de Pedro Marquina