HAGAMOS DE MEXICO UN PAIS DIGNO DE NUESTROS HIJOS

HAGAMOS DE MEXICO UN PAIS DIGNO DE NUESTROS HIJOS....!

De ninguna manera podemos prescindir de platicar lo que nos comenta el colega Octavio Garc?a, que a su vez ley?. Es historia que debe conocerse.

Hay hombres que luchan un d?a y son buenos. / Hay otros que luchan un a?o y son mejores. / Hay quienes luchan muchos a?os y son muy buenos. / Pero los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles?.

El poema del vate alem?n Bertolt Brecht es digno de ser recordado hoy que ha asumido el poder presidencial. Un hombre que viene de la batalla contra todo.

Reci?n egresado de la carrera de Ciencias Pol?ticas, en lugar de irse a refugiar en los c?modos sillones de los bur?cratas, Andr?s Manuel L?pez Obrador prefiri? aceptar el humilde ofrecimiento de los ind?genas chontales de Tabasco para sumarse con ellos a la lucha cotidiana por la supervivencia. Y fue su prueba de fuego, el primer bast?n de mando.

Con su hijo mayor reci?n nacido y su primera esposa, el tabasque?o se mud? a Nacajuca, a una choza elemental con piso de tierra, en el fondo del paraje. Sufriendo todas las inclemencias del tr?pico h?medo, la familia L?pez Beltr?n inici? una carrera larga y dif?cil que ha culminado en el Palacio Nacional de M?xico.

Es sabido que cuando el jefe de Coplamar y el gobernador de Tabasco quisieron visitarlo, se llevaron la sorpresa de su vida: encontraron al brigadista social con los pantalones arremangados, los pies sumidos en el lodo de las tierras bajas, acompa?ado por los campesinos, buscando nuevas formas de producci?n.

Al tomar posesi?n de la Presidencia de la Rep?blica, el primer d?a de ejercicio, las cincuenta y seis etnias del pa?s lo convocan en el Z?calo capitalino a tomar las riendas del poder nacional para ayudarlos a levantar la esperanza, esa especie humana tan despreciada.

Representantes de diez millones de ind?genas mexicanos le dieron el bast?n de mando. El segundo en su batalla.

La autenticidad y la congruencia se enfrentan hoy con la desidia y la soberbia de un grupito de mexicanos interesados en seguir chupando la ubre nacional, ?sa que durante tantas d?cadas han exprimido hasta la saciedad. Hasta que nos han dejado tiritando en los huesitos.

La oligarqu?a nacional y sus voceros, los due?os de los medios de comunicaci?n vendidos al peor postor, los comentaristas y analistas de la infamia, atacan los procederes y las decisiones del hombre de Tepetit?n, las valientes decisiones que tal vez sean la ?ltima esperanza de un sistema vaciado de contenido.

Han sido vencidos palmo a palmo en sus terrenos de podredumbre y exacci?n.

Han sido ridiculizados sus prop?sitos neoliberalistas y coloniales.

Se han saltado todos los obst?culos que quisieron poner, con el apoyo de los poderes trasnacionales los barones del dinero. Lo ?nico que les queda es estorbar, para que jam?s se alcance la mayor?a de edad.

En el camino, los medios vendidos han tratado de llevarse entre las patas a la opini?n p?blica, han forzado las noticias, inflado las encuestas, inyectado odio en los auditorios y en las casas de los televidentes, para lograr su cometido, el de siempre, el que trata de socavar la confianza desde las atalayas de la ventaja.

La ventaja de los poderosos les ha sido concedida por un Estado a modo, por un aparato p?blico y presidentitos de contentillo que les han entregado las prebendas y canonj?as desde las que azuzan a la gente de la clase media, para voltear las preferencias a favor de la injusticia. Quieren seguir mandando.

Sorprendentemente, ni ellos se dan cuenta de que todo esfuerzo ha sido nulo. Quisieron aprovechar el interregno presidencial para sembrar el descontento, y la opini?n mayoritaria sigue registrando un abrumador setenta por ciento de credibilidad y apoyo al nuevo r?gimen. Es un dato verdaderamente hist?rico.

El dato duro se?ala que el pueblo mexicano est? consciente de que habr? de luchar y. como lo aconseja Pepe M?jica, el emblem?tico expresidente uruguayo, tendr? que armarse de paciencia y coraje para seguir luchando contra los obuses de los traidores y volverlos a vencer con el ejemplo y las decisiones que van al fondo de los problemas.

No fue casual que el primero de julio, el d?a de la elecci?n presidencial, el pueblo mexicano votara por acabar la corrupci?n y la miseria. En n?meros redondos, el 70% del pueblo vot? contra los planteamientos del pr?ato. Ah? est?n las cifras. Por AMLO vot? el 53%. Los otros 17 se han sumado decididamente a la vor?gine del cambio.

Por primera vez, despu?s de ochenta a?os, de ?vila Camacho a nuestros d?as, los ciudadanos han decidido poner un freno al voluntarismo entreguista, al presidencialismo de subasta, a la dislexia del sistema. Se ha propuesto, con su voto, cambiar al gobierno, transformar al r?gimen, buscar otros caminos.

Han sido demasiados a?os de decepciones. Nadie aguanta tanto. La decisi?n fue otorgar un voto parejo, masivo, incontrastable que tiene que ver con el modo de vida, con el cambio de formas, con otros personajes y otros rostros en el poder: esos que representan la mayor?a nacional.

M?xico no s?lo est? frente a su propio espejo, sino en el v?rtice crucial de optar por otro tipo de gobierno, por otro modelo de desarrollo que implique equidad, democracia, justicia y redistribuci?n de la riqueza. Se acabaron los d?as de la plutocracia gobernante, de los espantajos con la banda presidencial cruzada al pecho, de la usurpaci?n institucionalizada, apoyada en las fuerzas coloniales del extranjero.

La fuerza del cambio, de la nueva ?poca para el pa?s, acoge a los imprescindibles, los que han luchado toda la vida por cambiar de ra?z las injustas condiciones de sometimiento, ignorancia y depredaci?n colectiva. Llegan al poder los que aman a M?xico, por encima de hostilidades, preferencias injustas y exclusivismos.     

Un breve repaso por las condiciones nacionales es suficiente: la seguridad nacional, los renglones estrat?gicos, en poder de las fuerzas extranjeras; la deuda externa rebasa la mitad del producto nacional bruto?; los j?venes no tienen rostro de destino; el campo est? destrozado; las actividades productivas brillan por su ausencia; M?xico est? de rodillas ante sus verdugos.

Y los saqueadores de siempre no quieren el cambio. Se resisten a perder cualquier concesi?n, cualquier privilegio. Piensan que el pueblo est? atado de manos, inerme ante la conquista, dispuesto a seguirlos soportando.

Es preciso llamar a las cosas por su nombre.

Ha llegado el momento de la reivindicaci?n y debemos aprovecharlo. Son trenes que pocas veces pasan por esta estaci?n.

?Hagamos de M?xico el pa?s digno de nuestros hijos, nietos y biznietos!

Carlos Ravelo Galindo

[email protected]

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