BELLAS Y RARAS TRADICIONES
BELLAS Y RARAS TRADICIONES
Cada 31 de Diciembre se da por finalizado el año vigente, de ese que su tiempo de vida llega a su fin, fenece y se celebra la llegada del nuevo año que inicia con grandes esperanzas, siempre con la idea firme de mejorar lo ya vivido.
En la mayoría de los hogares, las familias se reúnen y recuerdan los momentos agradables que tuvieron en el año que ya se va para no volver y se abren las esperanzas para mejorar en el que inicia. Pero así como nosotros tenemos toda una tradición para decirle adiós al que termina y darle la bienvenida al que inicia, , así también otras civilizaciones festejan y algunas otras han festejado el fin de un año o de un ciclo de vida.
En algunos lugares, el comienzo del año se festeja con la tradición de las 12 uvas: en el sitio que ocupa cada persona se coloca previamente un pequeño frutero con 12 uvas y, de acuerdo con el ritual, se debe comer una uva por cada una de las 12 campanadas del reloj. El significado de este ritual se relaciona con las aspiraciones y anhelos de cada participante y con el deseo expreso de que se conviertan en realidad.
A continuación, se sigue con costumbres más habituales: comienzan los brindis, se exponen los buenos propósitos de alcanzar alguna meta específica hasta que, entonces sí, se disfruta de la cena de fin de año. Aflora así la añoranza de un año que termina y la esperanza de alcanzar mayor éxito durante el que comienza.
Tarde o temprano, todos los pueblos del mundo se dieron cuenta de que, trascurrido cierto tiempo, las estaciones solares repetían su cauce luminoso. Los cultivos volvían a crecer y las lluvias retornaban para regar las nuevas semillas. Así, el hombre fue constatando el eterno retorno hacia el punto inicial.
El calendario de los Aztecas tuvo cambios y el último de estos se realizó en tiempos en que gobernaba el poderoso Moctezuma Ilhuicamina siendo esto uno de los hechos más importantes de su gobierno.
Cuando salieron de su natal Aztlán, los llamados Aztecas, ya después Mexica en honor a su Dios Mexi, consideraban al ciclo de 365 días pero al paso por algunas poblaciones y principalmente su contacto con Los Toltecas, los llevaron a adoptar el ciclo de 52 años, al final del cual se consideraba que podría darse el fin de la raza humana si no se renovaba el fuego que éste era uno de sus su Dioses.
Fray Juan de Torquemada en su MONARQUÍA INDIANA dice lo siguiente: Llegado el último día del ciclo, todos los del reino estaban con grandísimos temores y miedo esperando lo que aconteciera, porque tenían creído que si no se sacaba fuego se acabaría el mundo y que aquella noche y aquellas tinieblas serían perpetuas, y que el sol no tornaría a nacer ni aparecer por el oriente y que de arriba vendrían y descenderían los Tzitzimime que eran a manera de demonios feísimos y muy terribles y que se comerían a los hombres.
En nuestro Michoacán, los habitantes de las comunidades indígenas, a principios del mes de Febrero, llevan a cabo la celebración del FUEGO NUEVO y cada año corresponde a una elegida comunidad continuar con la tradición de los antepasados Puréh,
En las diferentes culturas de todos los tiempos los cambios de ciclo han llevado implícitos ritos que atraen salud, amor y dinero, los tres pilares básicos de la felicidad del hombre. Por eso, no es extraño encontrar ritos ancestrales, propios de cada cultura y pueblo, que busquen la felicidad, el éxito y la abundancia, lo primero que se hace en el Día del Año Nuevo en la ahora próspera China, la de La Gran Muralla, es el ritual para rendir homenaje a los antepasados. Después, se veneran a los dioses, seguido por un acto donde los miembros más jóvenes de la familia presentan sus respetos a los mayores que todavía viven.
También en otras regiones de nuestro bello planeta se cuenta con tradiciones del año nuevo: Hace 4000 años los babilonios vieron en esta repetición de las estaciones un motivo digno de celebrarse e instauraron un ciclo festivo: eran 11 días de celebración, que comenzaban cuando la primavera describía sus primeros trazos entre los jardines colgantes de Babilonia.
También los Egipcios recibían con algarabía las señales que preludiaban el nuevo año. Su rostro se tornaba festivo cuando llegaba el ansiado momento en que el río Nilo empezaba a crecer y el caudal se hacía propicio para la siembra. Entonces, la tierra era labrada con confianza en los tiempos venideros.
Desde siempre, el nuevo año ha significado el festejo de un triunfo inexistente, una victoria que se desea pero aún no ha ocurrido, un elogio a la esperanza que se renueva cada 365 días en la mayor parte del planeta.
Everildo González ÁLVAREZ