LOS INTERESES COMUNES PROPICIAN EL AGRUPAMIENTO
LOS INTERESES COMUNES PROPICIAN EL AGRUPAMIENTO
En días pasados, miles de campesinos se agruparon para manifestarse ante el gobierno federal en petición de apoyo al campo.
Esta es una de entre las 8 y 9 protestas diarias que se registran, sólo en la ciudad de México. Fenómeno que refleja un principio: los intereses comunes propician el agrupamiento y la comunión de fuerzas.
Los agrupamientos humanos, por la lucha de intereses comunes, pueden tener dos facetas. Los humanos, se pueden agrupar para hacer el mal, dígase de las bandas de delincuentes, o para hacer el bien, como es el caso de los grupos que luchan por la defensa de sus derechos.
Lo mismo encontramos en la Escritura, hubo quien se agrupó para rebelarse, como es el caso del pueblo en contra de Moisés:
A la luz de esto, pensemos en nosotros, en nuestra Iglesia. Nos une un interés común: la extensión del Evangelio y, con ello, del Reino de los Cielos. Hay mucho, muchísimo por hacer. Un mundo necesitado de todo tipo de ayuda humanitaria, moral, espiritual. Debemos entender que nuestra fuerza viene de la comunión. Un mismo interés nos une, una misma misión nos compromete, pero como todos los grupos conformados por humanos, la división, la competencia o los pecados de la lengua pueden debilitarla en su fuerza.
Nutridos de tantas parroquias, tantos grupos parroquiales, tantas comunidades religiosas, etc., ¿Por qué a veces parece que en la Iglesia tenemos poca fuerza de impacto? ¿No será que nos hace falta, respetar nuestros respectivos métodos y carismas y unir fuerzas para ello?
No queremos hacer un juicio para ella, si está o no fracturada, sino más bien en estas líneas proponer positivamente una opción, hace falta que, como Iglesia, aprendamos a unir fuerzas en la misión que tenemos.
Y esto porque nuestro impacto no debe ser sólo en el sentido devocional, hacer que todo mundo vaya a Misa y ya, necesitamos tener impacto también de tipo social. Necesitamos ayudar a que la delincuencia disminuya, a que la corrupción sea menos, a que la pobreza no esclavice a nuestros hermanos.
Si aprendemos a unirnos, nos podemos cuidar entre nosotros, podemos defender los derechos a la vida, la justa distribución de los bienes, hacer presión social para detener acciones que atentan contra nuestros principios, todo esto de manera pacífica; dígase por ejemplo lo que se ha hecho por la familia o las marchas en favor de la paz o de la justicia, en donde la Iglesia, al igual que otras denominaciones no católicas, ha estado presente.
Por tanto, querido lector, si acostumbras ir a Misa, si perteneces a algún grupo parroquial y te sientes parte de la Iglesia, es necesario pensar en esto. La Iglesia necesita de ti, de tu fuerza, de tu participación para cumplir juntos la misión encargada de parte de Jesús. ¡Cuántas cosas podríamos hacer juntos! ¡Cuánto podríamos hacer si todos cooperamos para la misma misión!