INVASIÓN DE CHINOS
Aún en el sexenio pasado y tan pronto se difundió el run, run de que los chinos vendrían a establecer un mega proyecto conocido como DRAGÓN MART en una superficie de, - se dijo entonces- 65 hectáreas ubicada a 9 kilómetros del aeropuerto internacional de la ciudad de Cancún y, a 3 kilómetros de la zona de manglares, de bancos, de arrecifes, de bosques y de gran cantidad de flora y fauna. Bien se puede uno imaginar los daños que ocasionaran al ecosistema de buena parte de la Rivera Maya. Independientemente de esto, sólo Dios sabe que intereses inconfesables y sobre todo tan millonario en dólares que las dependencias que han dado las autorizaciones en lo obscurito, principalmente el gobierno del estado de Quintana Roo, así como el presidente municipal de Benito Juárez, no sólo niegan haber dado las licencias, sino ahora hasta niegan saber del gigantesco proyecto. Con ser demasiado grave lo anterior no es todo, hay dependencias federales que se declaran ignorantes o de carecer de elementos suficientes para emitir un juicio a cerca de los alcances del DRAGÓN MART. Entre estas dependencias están SEMARNAT (Secretaria del Medio Ambiente y Recursos Naturales), la Secretaria de Economía, ésta todavía fue más lejos al declarar que ni siquiera tiene datos de las personas involucradas y del origen del capital éste, aparentemente, en su etapa inicial será de 200 millones de dólares: alrededor de 26 mil millones de pesos. Cabe agregar que este mega proyecto apenas será comparable con el hasta ahorita, único en el mundo, establecido en Dubái. Acaso piensan las autoridades que se ignora que todo proyecto de grandes dimensiones solamente puede ser realizado con la venia política y mediante regulaciones de los gobiernos federal, estatal y municipal? El impacto ambiental será brutal, a juzgar por las dimensiones de este centro comercial que contará, según rumores, con hotel, edificios habitacionales y de oficinas; con cines, deportivo, áreas recreativas y afectará los servicios: energía eléctrica, agua, transporte, de jardinería y limpia y se calcula que albergará a más de 2,500 chinos. Esto significa que ni siquiera será una fuente importante de trabajo para los habitantes de la región, de esto es fácil deducir que Dragón Mart sólo ocasionará graves daños irreversibles al medio ambiente y ni siquiera empleos a trabajadores mexicanos. Sí, muy lamentable y, sobre todo, inaceptable es la destrucción que necesariamente tiene que sufrir uno de los bancos de arrecifes más grandes del mundo el existente en el lecho de Puerto Madero. Este tiene que ser dragado para convertirlo en un puerto de altura capaz de dar acceso a grandes barcos que abastecerán al centro comercial más grande de Latino América con productos de todo el mundo de donde serán distribuidos a todo el continente.
En efecto, visto esta que el demonio, disfrazado de corrupción, en todos los asuntos mete su cola y no podía ser la excepción Dragón Mart; nomás que este caso será catastrófico si los medios masivos no ponen toda su capacidad y toda su honestidad para evitar este ecocidio a nivel global. Quiera el Cielo que todavía estemos a tiempo de evitarlo. Difícil, muy difícil si es que resulta cierto aquello de que a eso se debió la visita del presidente chino al presidente mexicano en meses pasados. Si este proyecto se llega a consumar, como todo lo indica, confirmaremos que nuestro gobierno es capaz de todo sin importarle un comino el deterioro criminal ecológico y, mucho menos, la suerte de la población afectada. Peña Nieto, ¿habrá reparado en este desprecio de su gobierno al pueblo, antes de ir a invitar al Papa a que visite a México falsamente en consideración de que mayoritariamente es católico - "guadalupano"- el pueblo que gobierna?
Yo estoy convencido, ojalá que también los lectores de ECOS, de que cuando un gobierno encamina todos sus actos de gobierno en la búsqueda de la mejor calidad de vida de su pueblo, y lo capacita para su competitividad y desarrollo, ese gobierno debe con todos sus elementos y argumentos a su alcance y a como dé lugar, impedir aquello que en la práctica resulte todo lo contrario, es decir: una desleal competencia para la industria y comercio nacionales. Aceptar en una de las regiones con evidente vocación turística, a un centro de distribución de todo tipo de mercancías de alcance continental y, además en una de las regiones más ricas del mundo por su belleza y por la gran variedad de recursos naturales con los que sólo Dios (la naturaleza) fue capaz de dotar al Caribe Mexicano, y todo para que vengan los chinos a darle en todita la "chapa", mediante el embolso de algunos milloncitos de dólares a los que se dicen políticos y nuestros redentores, no tienen ni abuela. ¿No cree usted?
La Redacción.