CERO INVERSION EXTRANJERA, Y NULO APOYO A EMPRESAS NACIONALES
CERO INVERSIÓN EXTRANJERA, Y NULO APOYO A EMPRESAS NACIONALES
Hola don Armando, equipo de ECOS y asiduos lectores. Analizar las cosas desde el encierro permite ver sin tanta distracción, los ¿Planes? del gobierno actual que anuncian medidas de ayuda al sector más pobre, pero en la práctica parecen trampas de hacer más pobre al pueblo con dádivas y microcréditos.
Hablar de dinero en tiempos de pandemia es inapropiado, más si es tiempo de Cuaresma religiosa. Pero este tipo de cambio es medio que se usa para proveerse de insumos básicos que sirven para sobrevivir en la cuarentena, que según se dijo, cayó como anillo al dedo. Seguro varios divorciados “saqueados”, por poseedores de sus quincenas, la sortija en el anular, no fue tan benéfica, pasado el tiempo.
Respecto al tema que se reduce a guerra entre cónyuges donde los hijos son los que la llevan. La actual guerra (Que no es precisamente sólo contra el COVID 19), se realiza dicen, entre el populismo y el neoliberalismo y como divorciados, pelean ambos: La clase empresarial o neoliberales, a decir del presidente. Y los populistas, pueblo comprado por autoridades, según califica la hoy clase política opositora, que no la que había sido antes, de la izquierda, hoy son los de la derecha.
El gobierno actual asegura que la burguesía mexicana ataca su forma de gobernar y que le han fabricado desde su llegada al poder, una guerra sucia, porque el empresariado está convencido que el mercado, en economías de libre comercio, siempre será la opción para obtener recursos económicos.
Cuando el presidente mexicano indica que primero es dar dinero a los más pobres y niega la redistribución de recursos del Estado a las: micro, medianas y grandes empresas. Devalúa el pensar del emprendedor, al ignorar que todo changarro, negocio o empresa, además de generar empleos, provee de ingresos al erario, con el que paga al pueblo pobre. Y por obvias razones, el sector desprotegido, gasta y NO invierte parte de la ayuda que recibe, pagando impuestos como debieran todos y generado por la parte productiva del país.
Se nota desde la barrera, que ambas partes hablan de desarrollo social, pero en distintas lenguas. Por no saber combinar Estado y Mercado trabajando en conjunto. De forma equitativa y a beneficio mutuo, no logrado, para impulsar, en automático, ese tan añorado parejo progreso nacional. La pobreza no solo la provoca la empresa abusiva sino también el gobierno ambicioso. Y no se superará el problema y otros que derivan del mismo, mientras la conveniencia de algunos actores de ambos bandos prevalezca.
El actual gobierno habla de autoritarismo, abusos y corrupción ejercida por sus enemigos, los neoliberales. Y sus contrincantes también critican a la figura presidencial por su excesivo autoritarismo al caer en la contradicción de decir una cosa y hacer otra en materia de: licitaciones, decisiones de Estado absolutistas, con apariencia democrática y aplicación de acciones poco transparentes a nivel financiero.
Los detractores del gobierno actual asumen que la política gubernamental contra la corrupción es falsa, ya que protege a exfuncionarios del poder neoliberal que curiosamente, ocupan cargos en este sexenio y sus acciones han sido similares a las de antaño, sin que la ley haga nada al respecto, por cambios de figuras clave en la justicia que no revisa y/o sanciona, turbios manejos denunciados y aun no aclarados.
En medio de esta batalla campal, promovida por los medios, se deja de lado los factores productivos sucedidos. Desde la forma agrícola y explotadora de minas y petróleo, se pasa a incipiente industrialización no lograda como modelo de economía, por carecer de tecnología y maquinaria adecuada. Nos quedamos en economía de servicios y comercio informal que desató la migración de gente del campo a la ciudad por nulas oportunidades de trabajo, creando marginación social, problema hasta hoy no resuelto.
El nulo desarrollo rural que garantice la seguridad alimentaria; la negación de políticas públicas de industrialización propia que genere empleos a la sociedad marginada; la decreciente economía de servicios y la reducción de presupuesto del Estado a la Ciencia y Tecnología, alejada del mercado económico, ha provocado disminución en las exportaciones por falta de competitividad con el mercado global dominante.
Si a esto le sumamos un comercio internacional injusto; alza en los subsidios y una política destructiva y distractora; el crecimiento económico y la equidad social salen volando.
Solo parchan hoyos, adaptan la economía al servicio del interminable pago de deuda a países ricos, con tratados de libre comercio sustentados en nuestras riquezas naturales no renovables, como minas y petróleo por nula creación de productos fabricados aquí con valor agregado vendibles a naciones ricas.
Mientras los políticos se pelean por dinero, los mexicanos emprendedores, aparte de luchar contra la corrupción social, hoy llamado crimen “autorizado”, ante el cohecho con gobierno y mal publicitado a diario convenientemente en medios vendidos. Los sobrevivientes de la economía de servicios, además de la inseguridad, batallan por la desequilibrada tributación que exige mucho, pero cínicamente niega servicios.
Para colmo, añada la constante falta de respeto y discriminación, tanto de la iniciativa privada como de la parte presidencial, hacia cada mexicano. Ambos poderes mienten y generan todos los días, conflicto social, por tema socio económico. Con mayorías y minorías expuestas al mercado negro, que usa el campo sin limitación, roba y priva a niños y jóvenes de la instrucción escolar y educación orientada al desarrollo.
Con ideologías caducas ambos sectores, llenos de poder, lucran, prometen mucho y cumplen poco. Por ese consumismo exacerbado que ha hecho caer al pueblo millonario, sólo en cantidad estadística. Sin circulante suficiente y que vive del crédito. Sin deuda pública, pero con inflación al alza. Y no conformes, con “mini créditos estatales a comercio formal e informal”, triplicarán ganancias, cobrando más impuestos, derivados del nuevo registro de la microempresa. ¿O usted, que opina?
Lic. Julieta Camacho Ríos.