EL VIRUS Y LA LIMPIEZA SOCIAL

EL VIRUS Y LA LIMPIEZA SOCIAL

Dentro de los ríos de tinta que han corrido como era de esperarse con motivo de la crisis de salud que estamos viviendo, hay un tema en particular que merece nuestra atención más allá de lo que atañe directamente a lo que nos afecta, y es el relativo a lo que se ha dado en llamar “limpieza social”. 

Se ha escrito mucho también sobre las virtudes democráticas de la pandemia que nos asola y que harían palidecer de envidia a los griegos de la época de Pericles. 

Cierto. El famoso bicho, ente biológico, o como quiera llamársele ha demostrado ampliamente que no tiene preferencias étnicas, raciales, sociales o económicas: agarra parejo. Tan es así que hemos visto caer víctimas de la infección a toda clase de personas, desde políticos, intelectuales, científicos y artistas destacados hasta el hombre común de la calle. 

La diferencia radica obviamente como ya también se ha reiterado, no en quiénes han sido afectados ya sea que sobrevivan o no, sino en el abismo de distancia que existe entre unos y otros en cuanto a los recursos con que cuentan los diferentes individuos de acuerdo a su STATUS o clase social. 

Inútil repetir que la clase pudiente en la que se aglutinan generalmente políticos, empresarios, artistas exitosos o miembros de las élites privilegiadas, cuentan con toda clase de recursos para enfrentar cualquier situación de emergencia (valdría la pena investigar en dónde se atienden las celebridades como el primer ministro de Gran Bretaña o nuestra mediática titular de la Secretaría de la Función Pública), no se diga los astros de la pantalla o del deporte, y aun así desgraciadamente algunos de ellos no la han librado. 

Sin embargo mi reflexión va más allá pues la realidad se ha encargado de poner ante la humanidad un cruel espejo. 

Existen dentro del universo en el que “nos tocó vivir” (cito a Cristina Pacheco), simplificando excesivamente por falta de espacio, ya no la clásica división entre buenos y malos que el Buen Dios se encargará de hacer sin ningún problema, el día del Juicio Final como se nos ha dicho. 

Me atrevería a hacer mi propia y muy simplista clasificación agrupando en 3 grandes conglomerados a los individuos que aún poblamos este sufrido planeta, a cada uno de los cuales se nos dio sin excepción un cheque en blanco a la hora de venir al mundo: los que decidieron dilapidarlo entregándose a toda clase de vicios y excesos ocasionando con sus conductas un grave daño a la humanidad. Los políticos en general (con muy pocas excepciones) cuya insaciable ansia de poder y dinero los ha llevado también a cometer infinidad de latrocinios en contra de la sociedad a la que juraron servir al tomar posesión de los cargos que el mismo pueblo les confirió; y en medio está el ciudadano común, el hombre de la calle que sale todos días a buscar el sustento para su familia, (y que dicho sea de paso es el motor primario de la economía nacional), el que en estos momentos está siendo más castigado por la pandemia pues se ve obligado a permanecer entre 4 paredes, sin trabajo y sin recursos, bajo una opresión asfixiante y siniestra.  Ojalá el multi-citado virus fuera un poco menos democrático y más selectivo al escoger entre sus víctimas a quienes no le hacen ningún bien y sí mucho daño a la humanidad. 

Ojalá también nuestro Sistema de Salud no se viera obligado -como ya lo está haciendo- a tener que decidir quién vive o quién muere en un trágico volado ocasionado por las previsibles fallas humanas. 

Guadalupe Quesada Castillo

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