CHIRIGOTEANDO
Qué ¿no se habrá dado cuenta el señor presidente y, si no, no habrá alguien de sus colaboradores capaz de informarle qué nos pasa a los de a pie que formamos las grandes mayorías de este maravilloso país? La indiferencia que se advierte de parte de las máximas autoridades de México, da a entender que ni siquiera leen los informes publicados por el INEGI, porque de conocer esas deshonrosas cifras, estoy seguro que por rubor personal ya se estuviera estructurando medidas tendentes a revertirlas. No es posible saber que la sociedad tiene su mayor desconfianza en instituciones y organizaciones políticas y sociales. Los que más desconfianza han acumulado son los diputados y senadores seguidos por los partidos políticos, sindicatos, policías, jueces, empresarios, gobiernos municipales, estatales y medios de comunicación. La verdad no deja de llamar la atención que en esta lista de descredito elaborada por el INEGI, incluya a empresarios y medios de comunicación. Algo les sabrán o a lo mejor solo hablan al tanteo. ¡Vaya usted a saber!.
PALMAS:
Qué raro; las palmas se las llevan los policías y diputados. No cabe la menor duda que aun en estas épocas en que tan descaradamente conviven criminales y policías deben existir algunos elementos muy chambiadores y honestos, pero lo difícil es dar con ellos. Lo más común es que debido a sus desempeños se han ganado, a golpe de calcetín, la más lamentable desconfianza de la sociedad a tal grado que se les atribuye a los cuerpos policiacos el alarmante incremento del crimen organizado y a lo complicado para el ejército y la marina que les está resultando su combate con elevado número de asesinatos y con muy elevado costo material. En tanto el gobierno federal no se convenza de que no es lo ideal como lo ha venido buscando, la pacificación de México en el futuro inmediato se nos presenta muy gris y en regiones muy negro, diría yo. En cuanto los señores diputados, la situación puede considerarse peor, pues el congreso es la institución cuya misión es crear las leyes que hagan posible la buena marcha de todo el país: su desarrollo integral, la prosperidad, gobernabilidad siempre dentro de un estado de derecho, de la justicia, de la honestidad y de la mayor eficiencia y con la menor carga monetaria posible. Actuar como lo han venido haciendo y con tan altos costos para el erario, que me perdonen, pero la única diferencia entre los criminales organizados y los diputados es que estos el pueblo les recontrapaga sin que este reciba ningún beneficio, sino todo lo contrario, acoso, terror tributario o fiscal y con remedos de leyes entregar los bienes de la nación a explotadores nacionales y extranjeros.
A PROPOSITO:
En los primeros días de su gobierno, Peña prometió que reduciría a 400 el número de zánganos, promesa que se esfumo y lo ideal es que el número de diputados se reduzca a 300; uno por cada uno de los 300 distritos electorales que integran la república mexicana, tal como por lógica debería seguir siendo, pues los dos cientos más no tienen ninguna razón sino despilfarrar una buena millonada de pesos, 200 dedos más para aprobar las ocurrencias del presidente de la república en turno, por otro lado, a un muy elevado costo, lo que resulta a todas luces una imperdonable incongruencia, siendo México un país con mayores carencias y con exceso de leyes que en muchas casos no sirven para nada o de muy poco. Mientras tanto SI QUEREMOS LA PAZ, TRABAJEMOS POR LA JUSTICIA, y los invito a que envíen sus comentarios a [email protected] y hasta la próxima chirigoteada, amigos.