Descubre el Museo del Carmen en San Ángel

• Destruido años atrás para la búsqueda de sus tesoros ocultos, ahora podrás encontrar pinturas, reliquias ¡y hasta momias!

Comenzamos esta aventura rodeados de mitos y leyendas en un lugar al sur de la Ciudad de México, construido para la orden de los carmelitos descalzos que sufrió varias transformaciones con el tiempo, incluso fue abandonado y destrozado por vándalos en busca de tesoros enterrados en sus paredes.

¿Sabes cuál es nuestro primer destino? ¡Nos vamos al Museo del Carmen al sur de la Ciudad!

Tras varios intentos de construcción desde 1595, fue hasta el año de 1597 que el Cacique indígena del sur de la ciudad, Don Felipe de Guzmán Itzolinque -entre otros personajes- donaron los terrenos y con ello los religiosos obtuvieron una gran parte de tierra para uso de construcción, así como para huertas de peras, manzanos y perones.

Ya para el año de 1613 se fundó definitivamente este colegio dedicado a San Ángel; siguió evolucionando y creciendo con los años hasta que, en 1856, fray Rafael del Sagrado Corazón tuvo que vender parte de su gran huerta ante los liberales de la nación; además, las leyes de reforma lo afectaron por la nacionalización de los bienes religiosos en el año de 1601. En ese momento se disputaron los restos del convento entre los gobiernos de la Ciudad y de San Ángel. Pareciera que su transformación había llegado a su fin, pero en la ocupación norteamericana entre los años de 1847 y 1848 se destruyó lo que hasta entonces había sobrevivido, esto por la búsqueda de sus tesoros, y fue quemado lo que quedaba de su huerta.

En 1921 se entregó oficialmente parte del inmueble, con excepción de la parroquia, hasta que en 1929 nace por fin el Museo del Carmen. En 1939, con el surgimiento del Instituto Nacional de Antropología e Historia, se entregó para su custodia hasta el día de hoy.


Después de enterarnos de su increíble historia, nos adentramos al museo donde nos recibe parte del atrio del convento original en su entrada, ahora separado por un cristal. Ahí en el primer arco observamos una hermosa pintura mural representando a la Virgen y otros elementos religiosos de gran belleza, de hecho nos va preparando para las maravillas que encontraremos en unos instantes, y así es, porque en la primera sala descubrimos hermosas pinturas de la Virgen de Guadalupe, así como detalles de oro y plata donados por españoles a la Nueva España; incluso algunos creados ya en tierra mexicana por parte de religiosos y artesanos de la región.

Al salir de la sala nos recibe el primer patio, rodeado de arcos como muchos otros conventos coloniales; nos percatamos que aún sobreviven partes de las pinturas originales en sus muros. Ahí, nos dirigimos a la parte alta del convento y a sus jardines. Primero decidimos visitar su parte superior, donde caminamos por entre los pasillos de las celdas de las religiosas, observando su modo de vida; justo después de un corredor nos encontramos en la parte superior de la iglesia, donde las religiosas escuchaban misa. Hoy, esta zona está dividida como al inicio del recorrido, por un cristal para que podamos apreciar como era la vida dentro del claustro.

En otra sección encontramos una pequeña capilla bellamente decorada con retablos dorados, donde existen las reliquias de un niño mártir, San Fulgencio, recientemente restaurado. Al salir nos dirigimos a sus jardines que aún permanecen en el lugar, aunque hoy en día sólo son una fracción de lo que fueron. Se respira una sensación de paz y armonía mientras se camina por ellos o simplemente al hacer un alto en nuestro viaje sentándonos en una de sus bancas de pierda que rodean su hermosa fuente con grandes árboles y flores.


Para la parte final de nuestro recorrido, regresamos al patio principal y nos dirigimos a la sala contigua a la iglesia, ahí nos maravillamos con su hermosa sacristía llena de detalles y pinturas sin igual. En el fondo encontramos un pasillo que baja a lo profundo del Museo. Bajando por él -y sin darnos cuenta- nos encontramos en sus catacumbas, donde se limpiaban y vestían los difuntos y, posteriormente, enterrados en esas salas. Hoy en día se exhiben momias de los religiosos y religiosas, así como de gente común que han sobrevivido el paso del tiempo y que alguna vez fueron sepultados en el área del convento.

Nuestro pequeño recorrido termina al salir por las antiguas puertas del convento llenas de historia, desde sus humildes orígenes para evolucionar a un gran convento pasando por batallas de un ejército invasor y de leyes que le despojaron aún más de su esplendor original, casi dejándolo en su ruina, hasta el día de hoy donde sobrevive como un ejemplo de muchos otros sitios de nuestro país que han permanecido a través del tiempo para contar sus historias hasta nuestra actualidad.


¿Qué llevar?
• El museo no es difícil de recorrer, pero te recomiendo llevar ropa cómoda y calzado urbano como tenis.

¿Qué no llevar?
• Evita llevar calzado formal o liso en hombre y en mujeres tacón alto; podrías resbalar.
• Mochilas grandes o chamarras muy gruesas.

Por Raul García

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