¿A DOS AÑOS DEL CORONAVIRUS, QUE TAN SANO HAS CELEBRADO A NIÑOS Y A MAMÃS?
Hola Don Armando, equipo de ECOS y lectores fieles, un saludo con motivo del Día internacional del Niño y de las Mamás. Festejos hoy sometidos a circunstancias extrañas con: enfermos, internados, desempleo, estrés, y para colmo, escándalos de política, economía e inseguridad.
2021 es el segundo año de CORONVIRUS con más de 250 mil fallecidos. 30 de abril y 10 de mayo en encierro total o a medias. Algunos niños en familia, sin salir como antes estuvieron preguntándose si la TV, la escuela, la iglesia o los abuelos y papás olvidaron los juguetes en su día. Aun cuando la comida les faltara. Otros hartos del encierro como mamá, se quedaron soñando el momento de poder reunirse con quienes no han visto en meses.
¿Dónde están los niños? ¿Y qué tal van las mamás? Acaso ¿Ocupados ayudando a papás a salir adelante por la economía o tolerando escenas tristes y traumáticas en hospitales? ¿En hogares disfuncionales agredidos físicamente? ¿Viendo en las calles, las noticias y películas escenas violentas?
Es buen momento para pensar y mirar hacia ellos, no solo para cubrir con la obligación del festejo. Sino para comprender por lo que han pasado a 13 meses de la pandemia. Aun ya con vacunas. ¿Sabes de sus temores? ¿De sus apuros, deseos y problemas? Desde el año pasado ya se sabe de casos de niños contagiados o con síndromes graves y de la tristeza de mamás por perder a sus seres queridos.
Los psicólogos y algunos maestros en el mundo, si han volteado a mirar a los niños, aplaudiendo su gran capacidad de soportar el encierro “estando a solas” físicamente, como tantos niños migrantes o abandonados a la deriva. ¿Pero y las madres solteras, violentadas, desempleadas o abrumadas?
¿Sabes por lo que están pasando realmente? NO convivir con la familia como antes, no poder recibir ni dar abrazos. Las ha marcado. A falta de ver a familia y amigos en escuela y/o trabajo, el parque o el club, sin niñeras o personal de servicio, en otros casos. El miedo tanto de niños como mamás viven un estrés por el contagio, por no cuidarse o hacerlo exageradamente. Donde la muerte muy de cerca deja a muchos en todo el mundo, en indefensión e incertidumbre que parece no tener un buen fin.
Los muy afortunados, se han adaptado a las clases o el trabajo por computadora y/o celular, pero sin jugar en vivo con otros niños. Ellas entre oficina y haciendo quehaceres al doble ahora, porque todos conviven en casa, o dentro del departamento, grande o pequeño, el negocio en la ciudad y/o en los ambientes rurales con menos servicios y ayuda, mirando rostros confundidos, temerosos o evadidos.
Los niños han tenido que aprender a usar tapabocas y lavarse las manos más veces que antes. Las mamás con más retos y obligaciones aun siendo “multitask” a veces, sin que coopere la familia. Aunque soñaban tener a los papás por fin en casa, y las mujeres, el tiempo para acercarse a sus hijos, esta nueva normalidad con horarios raros, otras rutinas, drásticos cambios de ánimo. La desesperación, ansiedad o aburrimiento no logro el resultado de esa compañía tan anhelada.
En hogares privilegiados padres han podido entenderlos y jugar con ellos, otros solo han contado o con la mamá o con el papá. Y los hermanos se han apoyado o se han peleado con ellos. Negociando treguas para tener con quien jugar a falta de amigos, pero lidiando con la tragedia de pérdidas entrañables: como la de los abuelos, los tíos, los vecinos, o de otros conocidos que viven cerca o lejos.
Dentro de un mundo virtual extraño. Las pantallas al inicio fueron interesantes, pero hoy aburren. Ellas no corren, ni se mueven. Las actividades de compartir momentos han tenido que adaptarse a la familia. Si son peques la curiosidad los ayudó, pero a los más grandes desesperó, deprimió e intoleró.
En familias donde existe el buen trato y comunicación con los padres ha habido gozo, pero otros solos y confundidos observan a padres ausentes por salir a buscar el sustento y que al llegar cansados ni en la mesa platican. Los niños ya se saben las caras de angustia o preocupación y apuro. Y mejor ellos han tenido que tranquilizarlos ante sus miedos y preocupación, máxime los que trabajan en salud, inventado juegos para que no se frustren con una realidad incomprensible.
Ver películas es lo más concurrido, pero en el sillón, la cocina o el cuarto, hacer labores, estudiar en casa o el local cerrado o aburriéndose en el mercado mientras mama o papá venden para no dejarlos solos en casa. ¡Las muchas vivencias infantiles de pandemia debieran ser escuchadas!
Unos preocupados por los que ya se fueron, otros traviesos que ya no soporta toda la familia. O los que se abrazan a sí mismos ante el espejo o a sus juguetes, costumbre olvidada. Unos más, quejándose del tapabocas, no pueden respirar, recibiendo múltiples gritos y/o regaños por no conservar la sana distancia y aprender nuevos hábitos de salud. Cultivando el apego hacia mamá, papa o con quien vivan. Y enojados porque en la TV autoridades solo se dedican a hablar de cosas sin importancia, nada de las viudas, los huérfanos, etc.
Aislados en juegos virtuales para no pensar o asomados a la ventana mirando hacia la calle o el patio añorando salir y socializar. Como presos jugando, dibujando, compitiendo, copiando y pegando, para cumplir con la tarea, ignorando cuando podrán divertirse y dejar un rato esos aparatos que los enajenan. Lidiando con el ocio o tareas confusas. Y constantes discusiones de asuntos intrascendentes que no les hace olvidar a quienes salieron de la casa pero en ambulancia y nunca volverán a tener a su lado.
Solo un día de 365, se voltea a felicitar a los reyes de la casa, los niños y a la mamá. Que a veces y en algunos casos relatados, son otro mueble más que estorba en casa. Sólo en afortunados casos de familias íntegras, la mamá y los niños son respetados como pilares del hogar. Ojalá estos 2 días de festejo mundial su niño interior les permita acompañar y cuidar a sus pequeños como a sus madres, con la misma devoción con la que ellas los cuidan o ellos detonan lindos momentos de alegría a diario.
Qué mejor regalo que hacerles la vida menos trabajosa, de por sí difícil de sobrellevar y en esta situación de pandemia ¡Imprevista y forzada! Más que juguetes, ropa, o cosas que regalar, procure darles a los niños buenos ejemplos y a las mamás apoyo, compañía, comprensión y tiempo. Día a día eso hará que ponga su granito de arena para que se recuperen los valores en familia y sobre todo se tengan mejores condiciones y calidad de vida. Las carencias y los problemas se han extendido por muchas razones, y por: mortificación, enojo, distracción y división, que da más importancia al dinero y al poder, los deportes, la religión o la política que a la simple y sana convivencia familiar y social.
Pendiente la gran tarea de mamás y doble esfuerzo infantil, en la nueva normalidad, ambos han mostrado fortaleza, sin dejarse contaminar con ideas ajenas a nuestra cultura de valores, tan ignorados por mayorías que lejos de esforzarse, pretenden pertenecer a un mundo que no les corresponde, los aleja y confunde. ¡Un aplauso para los infantes y mamás hoy y siempre! Su espontánea sabiduría, sonrisa y cariño, ubica y pone los pies en la tierra. ¿O usted qué opina?
LIC. JULIETA CAMACHO RIOS.