LA ESPALDA A 40 DIGNATARIOS
Es verdaderamente muy preocupante que mientras todos o casi todos los países estén muy preocupados por el cambio climático, México o, mejor dicho, el presidente López Obrador esté muerto de la risa; lo cual quedó demostrado con absoluta diafanidad durante la pasada cumbre virtual organizada por el presidente Joe Biden. Su objetivo era muy claro: comprometer a las principales economías del mundo a una reducción drástica de las emisiones que afectan la vida en todo el planeta.
Nuestros principales socios Canadá y Estados Unidos ofrecieron una meta de reducción entre 40 y 55% para el año 2030, tanto China como Europa, aseguraron que alcanzarían neutralidad en sus emisiones hacia mediados del siglo. Más, desafortunadamente, López Obrador omitió olímpicamente fijar el compromiso de México. Peor aún, ante los 40 representantes de otros tantos países en su discurso expuso temas totalmente ajenos a las políticas que sus homólogos han planteado para responder a la tragedia.
Lo que nos dejó, sin lugar a duda alguna, es que don Andrés Manuel no escucha a sus asesores en esta materia. Resultaría más preocupante si es que ni siquiera los tenga.
El comentarista Ricardo Rafael se pregunta: ¿Qué hacer para que los yerros de un hombre no se conviertan en los de la nación entera? La oposición lopezobradorista suele disfrutar de estos errores en lugar de proponer alternativas. La oposición los usa para denostar al mandatario, como si esa reacción cargada de visceralidad solucionara algo.
Finalmente, Ricardo Rafael, dice: le queda menos de cuatro años a esta gestión y el país no puede permitirse esperar a que López Obrador deje el Palacio Nacional para que México cuente con una política seria respecto al cambio climático. ¿Dónde está el sector empresarial, los demás partidos, el Senado, las universidades, las autoridades locales, los medios, las organizaciones, la intelectualidad, el ecologismo?
El presidente puede permitirse el lujo de errar sin pagar consecuencias inmediatas, pero los demás no. Si el presidente continúa errando con necedad, se hace indispensable reducir el efecto de sus equivocaciones promoviendo una agencia alternativa e independiente a su gobierno en materia de cambio climático.
Redacción