¡JOVEN, ATREVETE A LUCHAR POR UN MUNDO SIN VIOLENCIA!
Uno de los flagelos más penosos que azota a nuestra sociedad es, sin lugar a dudas, la violencia. Basta con abrir cualquier periódico o echar un vistazo a algún noticiero para constatar esta realidad. La violencia puede ser definida como una forma perversa o maligna de agresividad que ejerce uno o varios individuos contra otro u otros de su misma especie y que se caracteriza por su falta de justificación, tendencia ofensiva, ilegitimidad y/o ilegalidad. Los daños ocasionados por la violencia pueden ser físicos o psicológicos.
Desafortunadamente, uno de los grupos sociales más vulnerables a la violencia está formado por la población adolescente y juvenil. Según datos del Instituto Mexicano de la Juventud, 7 de cada 10 jóvenes en la República Mexicana de entre 15 y 24 años sufren violencia psicológica, física o sexual. Por su parte, la UNICEF (Organismo de las Naciones Unidas Dedicada a la Infancia) revela que el 66% de los jóvenes mayores de 15 años han vivido al menos una de las formas de violencia en su familia. Esto convierte al ámbito familiar en el de mayor influencia en el desarrollo de actos agresivos.
Al echar una ojeada a este panorama, uno no puede más que preguntar por las causas de esta situación. La violencia juvenil es un problema complejo, con diversos factores que propician su desarrollo: puede generarse por problemas psicológicos y trastornos de la personalidad, pero lo que más influye son las deficiencias en el ámbito familiar, escolar y socioeconómico, así como la emisión de programas violentos en los medios de comunicación, el fácil acceso al alcohol y a las drogas, y la utilización de videojuegos con elevada violencia explícita.
¿Qué nos dice la fe respecto de este problema? La palabra de Dios descubre el origen de este mal,
Jesucristo crucificado nos enseña a no aumentar la cadena de odio. Él antepuso la misericordia a la venganza (cf. Lucas 23,34) y nos enseñó, incluso, a amar al enemigo (cf. Mateo 5,44). Sólo en Cristo encontramos nuestra paz (cf. Efesios 2,14-16), pues Él dijo:
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