NAUCALPAN: EL CAMBIO QUE NUNCA LLEGO.
NAUCALPAN: EL CAMBIO QUE NUNCA LLEGO.
Naucalpan vive nuevamente un capítulo conocido: el de la esperanza que se diluye en la inmovilidad. Con la llegada de una nueva administración, muchos ciudadanos creyeron que por fin se iniciaría un proceso real de recuperación del municipio. Sin embargo, los hechos muestran algo distinto: el cambio se quedó en el discurso.
Un problema particularmente grave —y visible para todos los que transitamos a diario— es el estado del Periférico en el tramo que corresponde a Naucalpan. Desde hace meses, el deterioro es evidente: baches profundos, coladeras hundidas y tramos completos prácticamente intransitables. Los accidentes y daños a vehículos se han vuelto cotidianos, afectando tanto a automovilistas particulares como al transporte público. Mientras tanto, la reparación avanza con una lentitud incomprensible.
Pese a ello, el presidente municipal, Isaac Montoya, continúa difundiendo en sus comunicados y redes sociales supuestos avances en materia de seguridad, cifras que coinciden puntualmente con los reportes del gobierno federal. Sin embargo, la realidad que vive la ciudadanía es otra: colonias con escasez de agua, calles y camellones abandonados, basura acumulada, escaso patrullaje y una creciente sensación de desorden.
La administración municipal parece más concentrada en la narrativa que en la acción. Las formas están presentes: eventos públicos, fotografías oficiales y mensajes optimistas. Pero el fondo, el que debería reflejarse en la vida diaria de los habitantes, simplemente no aparece.
No se trata solo de exigir resultados inmediatos, sino de esperar seriedad, planeación y voluntad. Gobernar no es administrar la inercia; es enfrentar los problemas con decisión y responsabilidad. Naucalpan necesita justamente eso.
Porque el municipio no requiere discursos alentadores, sino alcantarillas desazolvadas.
No necesita publicaciones de redes, sino camellones limpios, calles seguras y agua en los hogares. No necesita cifras maquilladas, sino acciones visibles y compromiso real.
Hoy Naucalpan continúa esperando. Y es obligación de quienes gobiernan escuchar y actuar.
Que las autoridades recuerden: la calle habla. Y lo que dice hoy, es que Naucalpan merece mucho más.
Hector Gonzalez H.