VOLVER A MIRARNOS

VOLVER A MIRARNOS
 
Vivimos inmersos en una época en la que la prisa parece gobernarlo todo. Corremos para llegar, para responder, para resolver… y en medio de ese movimiento constante, la empatía se nos está escapando de las manos.
 
Hoy, la paciencia es escasa. Un retraso de segundos basta para desatar un claxon furioso. Una confusión se responde con reclamos. Una diferencia de opinión se convierte en ataque personal. Nos hemos acostumbrado a reaccionar antes de escuchar.
 
Se nos olvida algo esencial: todos llevamos algo encima. Preocupaciones, miedos, pérdidas, cansancio, incertidumbre. Cada persona que cruzamos libra una batalla que no alcanzamos a imaginar. Sin embargo, pareciera que muchas veces miramos al otro como obstáculo y no como semejante. Y esa indiferencia nos está costando convivencia, comunidad y, sobre todo, humanidad.
 
La empatía no es una idea abstracta. Se construye en los pequeños gestos:
Escuchar antes de juzgar.
Respirar antes de responder.
Conceder antes de imponer.
Mirar a la persona antes que al error.
 
No se trata de transformar al mundo entero de golpe. Se trata de empezar por lo que sí está en nuestras manos: cómo hablamos, cómo miramos, cómo tratamos.
 
Quizá si lográramos detenernos un poco, aunque sea un instante, podríamos recordar algo sencillo pero profundo: Todos estamos tratando de vivir lo mejor posible. Ninguno tiene el camino resuelto. Nadie está libre de dolor. Hoy más que nunca, México necesita corazón, no más dureza.
 
Porque un país no se construye solo con leyes, cargos o discursos, sino con la manera en que nos tratamos todos los días. Que nunca se nos olvide:
 
La empatía no cambia al mundo entero, pero siempre cambia el mundo de alguien. 
 
Josue Hernández Saucedo

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