MEXICO HA CAMBIADO PESE A UN SISTEMA POLÍTICO SOBERBIO Y CERRADO
Mientras no haya ley reglamentaria a la reforma del Instituto Federal de Acceso a la Información Pública y Datos Personales, los nuevos sujetos obligados, como los partidos políticos y el Congreso de la Unión seguirán manejando recursos del erario en completa opacidad. Urge, pues, que se legisle al respecto.
Cuando se solicita al Congreso el resultado de las auditorías aplicadas a los grupos parlamentarios en esta legislatura, la respuesta es negativa, bajo el argumento de que son documentos “reservados”. Es decir, mientras no estén obligados por ley a dar a conocer sus números, ellos no van a reportar a la ciudadanía cómo manejan y en qué gastan los recursos.
Esto pronto ha de quedar como una muestra absurda de la manera en que han sido las cosas en materia de rendición de cuentas legislativa hasta ahora. Negarse a transparentar su manejo administrativo sólo abona a favor de la sospecha. Si lo ocultan es por algo.
Sería más sano para todos, pero sobre todo para los partidos y los legisladores de ambas cámaras, abrir sus números. El costo político en imagen pública es muy alto. La percepción ciudadana de sus diputados y senadores se encuentra muy lastimada por actitudes como ésta. En índices como el Latinobarómetro y similares, los políticos profesionales en general, y los partidos en particular, salen hasta abajo en la evaluación de confianza hacia su trabajo.
Empecinarse en mantener un coto cerrado es insostenible.
Inquieta que la reglamentación secundaria del IFAI, pasa precisamente por el Congreso, que es quien tiene que aprobarla. El conflicto de interés es evidente y la dilación en su avance queda en entredicho, como algo que mientras más se tarde mejor para quien no tiene ganas de decirle a la sociedad qué hace con su dinero.
Ante esta falta de información es que cada vez que se pueden conocer sus gastos en viajes, viáticos, protocolos, prestaciones y pagos discrecionales, la ciudadanía se indigna. Al no haber justificación expresa de los mismos, quedan manchados como un derroche injustificado. Es probable que estén plenamente justificados si se pusieran en el contexto correcto, pero al no existir voluntad política para hacerlo, la oportunidad se pierde.
México ha cambiado, pese a este tipo de resistencias propias de un sistema político soberbio y cerrado que no tiene necesidad de rendir cuentas. Mientras más rápido accedamos a las nuevas formas de informar, mejor será la comunicación con los ciudadanos.