En calandria por las calles de Guadalajara

• Un paseo que te remontará a los tiempos de la Guadalajara Antigua, con sus calles empedradas y cascos de los caballos haciendo eco en los callejones.

 

Nuestra aventura de hoy nos lleva de nuevo a la tierra mojada, hogar del tequila y el mariachi, pues claro, me refiero a Guadalajara. Daremos un recorrido por sus calles en una forma muy peculiar, por medio de una de sus cientos de carretas, las llamadas Calandrias.

Las Calandrias aparecieron como tales a principios del siglo XX y por una ocurrencia del regidor de la ciudad de ese tiempo hizo pintar de negro con las ruedas amarrillas, lo que asemejó a las aves llamadas Calandrias, y como el pueblo mexicano siempre brilla por su ingenio se les bautizó con ese nombre. Una de sus características principales, además de su color, era que algunas portaban una bandera verde o azul, teniendo un significado especial: la de color verde significaba que eran Calandrias “baratas” y se podrían transportar en ellas desde frutas y vegetales en costales hasta lo que el cliente pidiera; las segundas de color azul eran las “caras” por su gran adorno y su elegancia, tenían faroles de bronce, así como detalles en vidrio biselado, además que sus cocheros estaban debidamente uniformados y sus caballos eran de raza con un pelaje resplandeciente. Actualmente sus adornos varían, pero muchas de ellas nos trasladan a esos tiempos donde el sonido de los cascos de los caballos por las calles empedradas era el ruido característico de la ciudad.

Después de un rico pozole y un buen tequila comenzamos nuestro recorrido por la Ciudad de Guadalajara en la plaza del Jardín de Aranzazu, ahí se encuentra el Templo de Nuestra Señora de Aranzazu, único en su tipo de la ciudad porque se conservan sus retablos originales churriguerescos realizados en madera. Fue construida en los años de 1749 a 1752 y conforma un conjunto de cinco capillas anexas del Convento de San Francisco. Seguimos en nuestra Calandria por la avenida Ramón Corona hasta llegar a la Plaza de Armas, donde encontramos bellos edificios y su quiosco principal; de sus humildes orígenes como un tiradero de basura y estacionamiento de carruajes se nos revela ahora una hermosa Plaza con jardines, donde en sus esquinas podemos apreciar esculturas representando cada una lo siguiente: La Primavera, El Verano, El Invierno y El Otoño.

Delante de la Plaza de Armas nos encontramos con la Catedral de Guadalajara, dedicada a la Asunción de María Santísima y de ahí deriva su nombre; construida entre los años de 1541 al 1854, con sus torres de agujas neogóticas características de la construcción nos parecen flores de alcatraces. Después pasamos enfrente del Teatro Degollado, construido a mediados del siglo XIX en 1855 a 1886 es escenario de recitales, espectáculos y sede de la Orquesta Filarmónica de Jalisco; de estilo italiano, nos recuerda las antiguas construcciones romanas o griegas por sus columnas y triángulos.

Siguiendo con el recorrido atravesamos las calles empedradas de la Guadalajara Antigua, donde encontramos hermosas construcciones de la colonia con bellos acabados y de increíbles colores, decoradas algunas de ellas jardines y enormes árboles; es ahí donde nos relajamos y nos dejamos llevar por el sonido de la carreta y el caballo, disfrutando del paisaje y del recorrido, imaginando esos tiempos tranquilos donde el trabajo comenzaba en el alba y terminaba en la tarde para después caminar por jardines y plazas esperando a que termine el día y comenzar de nuevo la rutina.

¿Qué llevar?
• No necesitas vestimenta especial.
• Ropa y calzado cómodo.

¿Qué no llevar?
• Grandes mochilas, las Calandrias son para cuatro personas, si puedes dejar tus cosas en donde te hospedas disfrutarás mejor el viaje.

Por: Raul Garcia
FB RaulGViajes
Twitter: @RaulGViajes

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