Nos atrevimos a cambiar el contenido de algunas políticas públicas, pero no el mayor problema de la baja calidad de la democracia mexicana: la impunidad. La clase política se atrevió a desmontar obstáculos para desarrollar la industria energética y de telecomunicaciones, así como sentar las bases de un cambio del sistema educativo. Pero no se ha atrevido a cambiar la lógica primigenia del mal funcionamiento de la política mexicana. Si el monopolio estatal en producción de petróleo estimuló por décadas el gigantismo burocrático y dilapidó la renta petrolera, la impunidad en la política premia la corrupción, el abuso del poder y más grave aún, el mal desempeño de los gobiernos.
Luis Carlos Ugalde