Cascadas de Agua Azul en Chiapas

Esta vez nos dirigiremos al norte del Estado de Chiapas, a una catarata que se encuentra en un área de protección de flora y fauna, existe gracias a los afluentes de ríos como el Shumuljá y Otulún, tiene vegetación de selva de montaña y está ubicado en el municipio de Tumbalá. ¿Conoces nuestro destino de este día?  ¡Nos vamos a las famosas Cascadas de Agua Azul!

Nuestro viaje comienza por la carretera de Tumbalá, cerca de la ciudad de Palenque y situadas a unos 133 kilómetros de San Cristóbal de las Casas; ahí nos topamos con una belleza natural como ninguna, gracias a los afluentes de ríos como el Otulún, Shumuljá y Tulijá es que este lugar puede existir. Al llegar comenzamos a caminar; una suave brisa nos llega a nuestros rostros, vemos a lo lejos el cause del rió de color esmeralda y en las escalinatas se empieza a escuchar el rugir del agua. Nos topamos con unas pequeñas escaleras llenas de fango; al atravesarlas, nuestra vista se abre y nos quedamos boquiabiertos de la gran belleza del agua de colores al caer por su cascada principal.

Al acercarnos a la orilla recorremos con nuestra vista todo el lugar, buscando los colores más brillantes, mientras nuestras ropas yacen empapadas; ahí podemos observar el gran contraste de la roca y los diferentes tonos en las piscinas que forman pequeños escalones por donde desciende el agua, estas “albercas” o “piscinas” calcáreos naturales se les conoce como “gours”, según los geólogos por su lecho de roca caliza, mismo que influye en el hermoso color que se aprecia cuando el agua esta tranquila.

Siguiendo con el recorrido, nos encontramos con una pequeña “balsa” de madera que atraviesa-por medio de una rudimentaria polea-lado a lado de la cascada, nos atrevemos a subir y comenzamos el viaje por entre sus aguas. El movimiento del agua al caer hace mover la balsa de un lado al otro, en el camino podemos observar aún mejor la inmensidad y los maravillosos colores de la Cascadas Agua Azul y el por qué de su nombre.

Al llegar al otro extremo tomamos lo que parece un pequeño camino de fango, rocas y plantas, para llegar a lo más alto y poder apreciar aún más las cascadas y sus piscinas, donde el agua espera tranquila su turno para saltar por el acantilado rugiendo en la caída.

Regresamos por ese camino lleno de fango y lodo, al caminar notamos que pequeñas aves de muchos colores se esconde por entre las ramas altas de los árboles, apenas podemos escuchar su canto opacado por el estruendo de las Cataratas. Subimos de nuevo a la balsa improvisada y seguimos boquiabiertos por los colores y las formas en los acantilados; observamos como después de su violenta caída, el agua vuele a estar tranquila río abajo, aún con su color de esmeralda y turquesa, como si nunca hubiera tenido que atravesar el caos anterior de rocas y piedras. Ahí nos llenamos de paz y calma, quizás –pensamos- es como la vida misma que nos enseña que aunque algunas veces existan dificultades, siempre llegará la calma y serenidad.

¡Qué viaje! Desde el momento que comenzamos a caminar por las escaleras principales para asombrarnos y quedar sin palabras ante la belleza natural delante de nosotros, para después atravesar la cascada en una balsa y así poder apreciar las cataratas ocultas a la vista del camino principal; terminando con una paz interior, gracias a lo calmado de las aguas río abajo.

¿Qué llevar?
• Repelente de insectos
• Botas o Sandalias
• Cámara resistente al agua
• Ropa cómoda que pueda mojarse
• Rompe vientos

¿Qué no llevar?
• Tabletas o teléfonos inteligentes, se mojarán y no existen centros de servicio cerca de las cascadas.
• Abrigos y grandes chamarras.
• Calzado formal o delicado. Los caminos son de lodo y piedras, así que podrían dañarse.

Por Raul García
FB Raul García Viajes
Twitter @RaulGViajes

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