¿HASTA CUANDO ENTENDEREMOS QUE LA ILEGALIDAD SE COMBATE CON LEGALIDAD?
Una de las más grandes pero dolorosas enseñanzas de la lucha contra el crimen organizado desplegada el sexenio pasado fue la falta de claridad para actuar jurídicamente en contra de quienes fueron detenidos, acusados de distintos delitos de alto impacto. Conforme pasa el tiempo y los procesos jurídicos avanzan, van saliendo a la luz la falta de oficio legal y frecuentes violaciones a los principios de presunción de inocencia, abuso de la figura del arraigo y respeto al debido proceso, que hoy tienen libres, o al borde de la libertad, a quienes se acusó de crímenes terribles.
Se desmoronan en tribunales 74 procesos iniciados en el calderonismo, la mayoría de ellos por mala integración de los expedientes e inconsistencias en las averiguaciones. Esto habla muy mal del trabajo del Ministerio Público federal, que en el mejor de los casos por impericia, pero en el peor por complicidad, no hizo bien su trabajo.
Cabe recordar que era constante la queja del jefe del Ejecutivo en contra de los jueces que liberaban a los presuntos delincuentes, lo que, aseguraba, echaba a perder el trabajo de inteligencia y policial que llevaba a su captura. Se entendía la molestia del Presidente, pero a la hora de ir a los hechos, resulta que, en efecto, las bases de consignación no se sostenían.
Por supuesto que combatir la inseguridad y la violencia era y es prioridad de cualquier gobierno. Mucho más cuando se habían alcanzado niveles de exacerbación como los vistos en aquel entonces. Nadie puede oponerse a que el Estado mexicano eche a andar sus mecanismos de control para garantizar la seguridad de sus ciudadanos. El reclamo no es ése.
Nadie puede oponerse a que el Estado mexicano eche a andar sus mecanismos de control para garantizar la seguridad de sus ciudadanos. El reclamo no es ése.
Lo preocupante es que se hiciera al margen del Derecho o al filo de los códigos penales y la Constitución misma, rayando peligrosamente en la violación de los derechos humanos. La ilegalidad se combate con legalidad, no pisoteando las normas.
Hoy sigue la cascada de liberaciones y el cierre de expedientes por improcedentes, que benefician a personajes cuya solvencia moral no parece ser amplia. Aun así, hay que soltarlos porque el fiscal actuó mal.
Tenemos que aprender de esa experiencia. De estar convencidos de que la inseguridad y la violencia se combaten y vencen haciendo las cosas bien desde un principio, sin precipitaciones, con inteligencia, sin dejar cabos sueltos que a la larga sólo beneficien a criminales, algunos de ellos incluso confesos.